El huracán Wilma se dirige hacia la península del Yucatán.
Últimamente en los telenoticias aparecen tantos desastres naturales como políticos, qué ironía: "Wilma tocará tierras mexicanas en la isla de Cozumel, la cual ha sido totalmente desalojada".
Cozumel...
Hace años naufragué en la Isla de Cozumel.
Por aquel entonces mi nombre era Doc Monro. Allí viví la más emocionante aventura de cuantas me ocurrieron por aquella época, acompañado por mi inseparable y añorado amigo, un Amstrad CPC 464 con pantalla de fósforo verde. Y no era una aventura cualquiera, era una aventura conversacional, la primera de la trilogía "Ci-U-Than" que Aventuras Dinamic nos regaló, seguramente la mejor de cuántas tuve.
En Cozumel conocí el poblado de San Marcos, atravesé selvas, encontre el Templo de la Diosa del Amor y me enfrenté a Zyanya, de quién me enamoré. Cozumel me hizo mejor: era mi mundo. Un mundo en el que recorrí galaxias a bordo de la nave Arkanoid, acompañé al aventurero espacial más simpático que nunca conocí (igual habéis oído hablar de Freddy Hardest), fui tras el corazón verde y en busca del arca perdida, navegué en el Nautilus, perseguí a la maldita ballena blanca, visité el país de Nunca Jamás, me aterroricé con el fantasmal sabueso de los Baskerville, viajé a la luna y atravesé mil veces la Zona Negativa.
Y mi mundo escapó, lentamente.
O acaso fui yo, que me adentré en una de las muchas dimensiones del multiverso, olvidándolo poco a poco.
Pero no definitivamente. Él me busca y yo también.
He escrito cuatro notas para la fabricación de un acelerador de partículas con el que podré provocar una reversión molecular del infinito, megatransitando instantáneamente por el multiverso, en búsqueda de algo que perdí hace tiempo.
Y en eso estoy. Dirigiéndome al Edificio Baxter, donde he quedado con un amigo que, a buen seguro, me podrá echar una mano.