30 de diciembre de 2005

Alvy Singer

"... y me acordé de aquel viejo chiste, ya saben, el del tipo que va a ver al psiquiatra y le dice: "Doctor, mi hermano se ha vuelto loco. Se cree que es una gallina". Y el médico le contesta: "Bueno, ¿y por qué no hace que lo encierren?". Y el tipo le replica: "Lo haría pero es que necesito los huevos". En fin, yo creo que eso expresa muy bien lo que siento acerca de las relaciones entre las personas. ¿Saben? Son completamente irracionales, disparatadas, absurdas y... pero, ah, creo que las seguimos manteniendo porque, ah, la mayor parte de nosotros necesitamos los huevos."

Alvy Singer


[Alvy, Lenny o Woody, gracias por]

29 de diciembre de 2005

Ted, el ascensorista

Éste es Ted, el ascensorista, un orondo personaje cuyo exagerado volumen hace disminuir en, por lo menos tres plazas, la cabida máxima del ascensor. Ted es un hombre de costumbres, que elige él mismo su marca en el escenario. Cada lunes y cada jueves coinciden nuestros turnos a última hora de la tarde, y es entonces, en la soledad dentro del hueco, entre la decimosexta planta y la recepción, cuando no deja de sorprenderme, y me explica toda clase de historias, él dice verídicas y yo no quiero preguntármelo, sobre cosas que han ocurido en ese ascensor. Su ascensor. Aquella del hombre que perseguido por el diablo en forma de impaciencia pulsó el botón de "Planta baja" y el dedo se le quedó enganchado (los bomberos tardaron cinco horas en rescatar al dedo). O la de aquel chino que comprobó, una por una y cronómetro en mano, lo que tardaban en abrir las puertas de cada planta, explicando que era para su tesis doctoral: "El tiempo y las puertas de ascensor". O la del señor que entró medio arrodillado, siguiendo huellas invisibles con una lupa en la mano , que observó detenidamente el botón 3, y se bajó en la tercera planta, perdiéndose entre los pasillos con su lupa como guía y faro.

Las historias siempre son extraordinarias o extraordinariamente cotidianas. Y más extraordinario aún es que siempre duran el tiempo justo desde que cojo el ascensor, hasta que llega a la planta baja. En ocasiones he tenido la tentación de bajar antes, derrotarle en su ritmo. Pero ahora sé que no podría. Un día un apagón nos dejó a medio camino, entre la 10ª y la 9ª. Nueve plantas y media. No diré que no lo pasé mal: los nervios atenazaron mis músculos, mis pulmones buscaban oxígeno entre las rendijas de los plafones metálicos, sudor helado bajo la camisa... Pero el pobre Ted no lo pasó mejor. El apagón, de esos que luego se explican en clase de "Demografía y natalidad", duró 4 horas, y Ted narró impertérrito su historia durante todo el encierro, hasta acabarla exactamente cuando los operarios de emergencia consiguieron bajar el ascensor manualmente. A la mañana siguiente, al vernos, nos preguntamos qué tal nos encontrábamos. Yo, pues que "A base de ansiolíticos, con Diazepán 5 gr., la aspirina del siglo XXI, ya sabes", y él me respondió, "Ah, pues yo a base de gárgaras y Lizipaínas, que son el tintero de mi pluma". Y ambos nos lamentamos de no haber podido disfrutar más la historia. Sí, más larga que de costumbre, pero qué historia: una pareja que estuvo follando sin parar todo un día escondidos encima del ascensor.
Ted y su ascensor, como siempre, estaban allí para contarlo.

26 de diciembre de 2005

deus ex machina

Apretar el botón "rew" del
radiocassette, conmigo dentro,
una buena cinta correctora
en la máquina de escribir,
la manivela del supercinexin
hacia atrás, una goma de
borrar "Milan", tipp-ex para
el bolígrafo o un titiritero
que no me hubiera abierto tanto la boca.



28122005, un mejor titiritero para todos.


¿Es Superman de derechas? [superhéroes (I)]


Los superhéroes llegan a la política. Jordi Miralles y Antoni Fernández Teixidó, diputados del Parlament de Catalunya por ICV-EUiA y CiU respectivamente, se han enzarzado en estos días navideños en un curioso debate. Aunque se discutía una propuesta de modificación del Estatut dels Teballadors (qué bonito que se preocupen por nosotros), ya sabéis que el monstruo comiquero que todos llevamos dentro es de difícil control.

"Las propuestas neoliberales presentadas por CiU son más de derechas que Superman."

"Demuéstrelo usted."

Y ya la tenemos liada. En pocas horas Miralles repartía entre los parlamentarios un dosier explicativo (¡de cuatro páginas grapadas, con viñetas y fotos!) titulado "Per què Superman és de dretes?". Nueve razones lo explican:

1. Superhombre. El nombre ya lo deja bien claro. Hombre muy superior al resto. El prototipo ideológico de la derecha.
2. Superman es la encarnación de un ente superior y trascendente que llega al mundo para salvar a la humanidad, ya que los habitantes de la Tierra son incapaces de hacer frente colectivamente sus necesidades, derechos y retos.
3. Superman es el ejemplo de cómo la derecha entiende la sociedad. La existencia de un ser superior facilita que se acepte la renuncia a ejercer el poder democático.
4. Superman es claro exponente del culto a la fuerza, benefactora, protectora y elitista.
5. Superman es el prototipo del machismo, porque protege a la mujer, quien inevitablemente se enamora de su superioridad y se deja llevar por su fuerza superior.
6. Superman es símbolo del poder imperial y del americanismo dominante en el mundo que ahora nos quiere vender la derecha extrema de los USA.
7. Superman representa una sociedad dividida entre el bien y el mal.
8. Superman representa el individualismo, porque no resuelve problemas colectivos sino que tiene por costumbre actuar sobre el momento y el caso individual.
9. Superman resuelve los conflictos desde los milagros, con gran carga religiosa.

Ya sabéis que todo héroe tiene su antihéroe, y Fernández Teixidó ha pasado al ataque anunciando que en el próximo Pleno del Parlament català, demostrará que el malo-maloso Lex Luthor es de izquierdas. La guerra ha empezado.

Mientras tanto, los vecinos del entresuelo (Ayuntamiento de Barcelona), han aprobado una nueva Ordenanza municipal, de título enrevesado (Ordenanza de Medidas para Fomentar y Garantizar la Convivencia Ciudadana en el Espacio Público) y de contenido polémico. La ordenanza ha de regir, dicen, la convivencia de las personitas que compartimos Barcelonitis en cuanto ponemos el pie en el suelo.

Una lectura detallada del texto provoca algo de miedo, ya que se criminalizan problemas sociales intrínsecos y estructurales de una ciudad cosmopolita y mediterránea como es Barcelona. Y es que las leyes no sólo están para cumplirlas (o no), sino que también están para que sean aplicadas (o no). O peor, para que la Administración cometa excesos en nombre de la susodicha norma y se coarten realidades sociales que también "conviven" en la city. La prostitución en la calle, la mendicidad organizada, la proliferación de bandas juveniles, el consumo de alcohol en la via pública, el comercio ambulante en la calle, las personas "sin techo"...

Todo ello molesta a la vista, una mancha en la postal de la Barcelona post-olímpica y de diseño. Se busca un Superman que haga de barrendero, y que en un abrir y cerrar de ojos, a súper-velocidad, esconda de nuestras subjetivas miradas las disfunciones de la perfecta maquinaria que entre todos hemos creado.

Cuando Robin Hood vuelva a a la ciudad se lamentarán.
¿Quién vigila a los vigilantes?

24 de diciembre de 2005

Un mundo mágico

2005.
He intentado dar la vuelta a este número un montón de veces, y siempre se queda igual. 2005.
Mejor parar, antes que me maree yo, y no el número de marras.

Cuando los copos de nieve cubren y refrescan los recuerdos, cuando todo parece nuevo (pero sólo lo parece, y lo familiar sólo se esconde), cuando el lápiz vuelve a posarse en la hoja de papel, cuando descubres todas las posibilidades de vivir en un mundo mágico, cuando decides explorarlo...

Que todos tengáis muchos mundos mágicos que explorar, y que en alguno de ellos tengamos la suerte de encontrarnos. Felices fiestas.

Sergi
from Barcelona, with sonic love

[Free City Rhymes alt. take, Sonic Youth]

22 de diciembre de 2005

Un día en pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo

Si el despertador no hubiera sonado.
Si hubiese seguido durmiendo.
Si G. no me hubiera recordado lo de su lote de navidad.
Si hubiese cogido el día de fiesta.
Si hubiera tenido "reuniones de trabajo" importantes durante todo el día.
Si me hubiera quedado a comer en Dosrius.
Si no hubiera tenido ganas de quedar con X.
Si las consultas de sus alumnos no le hubieran permitido quedar.
Si hubiera salido puntual del trabajo.
Si la comida y sobremesa con X. hubiera durado más (o menos).
Si hubiera salido antes (o más tarde) de la facultad.
Si hubiera cogido la Diagonal en lugar de la Ronda de Dalt.
Si no hubiera decidido ir a buscar el lote de navidad de G. yo solito.
Si el lote de navidad de G. se lo hubieran dado en mano.
Si no hubiera lote de navidad.
Si no hubiera navidad.
Si en la Ronda de Dalt no hubiera tanto tráfico.
Si no me hubiera equivocado de calle.
Si hubiera cogido, sin querer, otro trayecto.
Si en lugar de cerrarse el semáforo en rojo, hubiera estado en verde.
Si en lugar de girar, hubiera seguido recto.
Si el conductor de detrás hubiera pisado antes el freno.
Si el conductor de detrás nunca hubiera tenido coche.
Si yo no tuviera coche.

Si el despertador no hubiera sonado, ¿habría chocado ese Citroën C4 con mi coche?

21 de diciembre de 2005

Casa: ¿Yo?

Casa:



¿Yo?

16 de diciembre de 2005

Laberintos


Teseo en el Laberinto del Minotauro, en Creta.

Fray Guillermo de Baskerville y Adso de Melk, perdidos en la laberíntica biblioteca de la abadía.

Jack Torrance (en el papel de Jack Nicholson), persiguiendo a Wendy en el laberinto de "El resplandor".

Los chicos de la serie de TV "Dentro del Laberinto"...¿Llegaron a salir nunca?

Y entre pececitos, caballitos de mar, estrellas de coral, nombres de océanos, colores anaranjados, verdes o amarillos, plantas y números... Sergisonic perdido en el laberinto del párquing de Diagonal Mar.

13 de diciembre de 2005

"Oriente y Occidente": Sonic Youth & Enrique Morente (live Valencia 2005)



Al amigo Rafa, interferencias panoli y sin sal,
de nuevo en casa.

Sonic Youth y Enrique Morente
Festival Heineken Greenspace, Valencia

Ruta 66, diciembre 2005 (gracias, Ignacio Julià)

Tres naves industriales en desuso fueron el peculiar laboratorio en el cual Sonic Youth y el granadino Enrique Morente cruzaron sus caminos polvorientos de exploración sonora. Si conocidas son las multiculturales jams sónicas (Granada ya disfrutó en 1999 de una colaboración en directo junto a los bereberes Master Musicians of Jajouka), no son menos las de Morente, ya sea con Lagartija Nick, Ute Lemper o el guitarrista Pat Metheny. 


En primer lugar el set de Sonic Youth sirvió como introducción, parca pero intensa, al esperado híbrido con el cantaor. La tetralogía inicial del Sonic Nurse tour ("I Love You Golden blue", "Stones", "Pattern recognition" y "Unmade bed") es básica para entender la actual dirección del grupo neoyoquino, aunque los clásicos ("Schizophrenia", "Mote" y "Kool Thing") ayudaran al nostálgico, siempre ávido de las asperezas noise de su discografía. El segundo acto estaba reservado a Enrique Morente, estandarte de la heterodoxia flamenca y mimado por la audiencia indie, a la cual premió con visitas a esa obra cumbre que es "Omega". Con el respetable a sus pies y la catarsis emocionada de "Manhattan" (relectura del "First We Take Manhattan" de Leonard Cohen), neófitos y expertos sólo acertaban a aplaudir, hipnotizados ante la presencia eterna del de Granada en el centro del escenario. 


Fue entonces cuando el quinteto sónico volvió al escenario para sumarse a Morente y los suyos en el martinete "Oriente y Occidente", largo y complejo desarrollo en cuyo inicio el cante apenado de Morente se erige en protagonista, con Steve Shelley plenamente integrado en la rítmica impuesta por los flamencos y sus palmas y cajones. Los suaves y tímidos feedbacks sónicos acompañaban casi sin querer, tímidos y frágiles, a la preciosa guitarra española, en una austera y misteriosa conjunción, hasta que coros y palmas sincopadas dieron el aviso de una tormenta, la que llegaría cuando Sonic Youth decidió convertir las leves fricciones sonoras en una creciente muralla de sonido y acoples que acompañaría el maestro en un interminable quejío final, inspiración sobrenatural que llenó el escenario y la historia de magia y misterio, de duende y ovación. 


SERGISONIC

12 de diciembre de 2005

Autorización de regreso

La emisora me ha enviado a cubrir en directo una de las colas que se suceden a lo largo del año delante de las oficinas de la Delegación del Gobierno en Barcelona. Y es que, claro, llegan las Navidades, y todo el mundo, sobre todo los que están muy lejos, quiere estar cerca de los suyos. Otra cosa es que todos puedan. Algunos, ni tan sólo están en esta cola. ¡Dios, qué frío hace!

Tres hombres que discuten. Treinta o cuarenta euros y un sitio privilegiado en la cola es el motivo.

- ¡Este sitio no le pertoca al señor!
- ¡Es mi primo, y me ha estado guardando la vez!
- ¿Sí? ¡Y los dos billetes de 20 euros son la propinilla! ¡Traficantes! ¡Mafiosos!

Lástima de acento malgastado.

Hago la encuesta de rigor, a ver si entro en calor. "Y usted, ¿desde qué hora está?" Las cinco de la tarde, las ocho de la tarde, las diez de la noche, las dos de la madrugada, las tres... Una joven con veintimuypocos (igual casiveinte) me pregunta "¿A qué hora voy a salir en antena?". Pues no sé.

Una conversación más. Se llama Viviana.

- Vengo a buscar una autorización de regreso.
- ¿Cómo?
- Sí, es que quiero pasar las Navidades con mi familia, en Argentina.

Por Tutatis, ahora sí que no entiendo nada. Alguien quiere volver a casa, a SU casa, y viene a pedir permiso.

- No, no. Me parece que usted no entiende...
- ¿Cómo?
- La autorización de regreso. Si marcho a casa sin ella, ya no me dejan regresar.

Me faltan tres cafés más. Por iluso.
Cuando llega el metro a la estación, ¿qué se puede leer en su compuerta?

"Por favor, dejen salir."

Pues eso, pero aquí sin por-favor.

7 de diciembre de 2005

Inercias contemplativas

Una comida con G. en la calle de las Flors, en el Paral·lel de Barcelona. Guardo cola para sacar dinero de un cajero. Dos delante mío. Ella, menudita y morena, mira su saldo y tímidamente retira poco dinero. Él, también pequeño, con bigote, mal abrigado y con carro de la compra o maleta, hace lo mismo. Me toca a mí y me siento imbécil. Paseamos por la Ronda de Sant Pau, con más televisores esperando que gente observando, con más trabajadoras en la calle que gente buscando sexo. Agarran tu brazo, disparan besos al aire y fijan su mirada como nadie. Pero no sé cuánto les sirve. Ravaleamos un poco, buscamos lugar al mural de Keith Haring, por si vuelve, tomamos un café entre calendarios en Silenus con R., y una crepe salada con A., en casa de Terenci. Grafología, símbolos, laberintos y apellidos. De noche y a casa.
Días cansinos, que el invierno tiene muchos.