30 de abril de 2006

Dificultades técnicas


Ante las últimas dificultades técnicas vividas, es decir, adiós a mi PC, el reventón de la rueda del coche, el sospechoso cimbreo del embrague en el otro, el "cuelgue" de mi flamante Nokia -heredado, eso sí-, la avería del ascensor recién estrenado, el radioreloj con cd que me regalaron pero que no sintoniza mi emisora favorita de cada noche, o la persiana del despacho que no sé cómo subir. Ante todo eso, decía, he llegado a la conclusión que algo ha de ocurrir. Quizás todo sean señales de, por ejemplo, que el petróleo se está agotando, o que los marcianos ya llegan y nos avisan a través de ondas de radio, o que las antenas de telefonía móvil nos van a matar a base de dolores de cabeza. En fin, que más vale que cambie de chip, antes que también se estropee. He quedado con mis amigos Pedro Picapiedra y Pablo Mármol, que entienden un rato de avances tecnológicos y seguro que con un par de consejos estaré perfectamente preparado para el Nuevo Mundo que llega. ¡Yabba-Dabba-Duu!

23 de abril de 2006

Love is a rose

Love is a rose (Neil Young)
Love is a rose
but you better not pick it
It only grows when it's on the vine.
A handful of thorns and
you'll know you've missed it
You lose your love
when you say the word "mine".
I wanna see what's never been seen,
I wanna live that age old dream.
Come on, lass, we can go together
Let's take the best right now,
Take the best right now.
I wanna go to an old hoe-down
Long ago in a western town.
Pick me up if my feet are draggin'
Give me a lift and I'll hay your wagon.
Love is a rose
but you better not pick it
It only grows when it's on the vine.
A handful of thorns and
you'll know you've missed it
You lose your love
when you say the word "mine".
Mine, mine.
Love is a rose, love is a rose.
Love is a rose, love is a rose.

(E
l amor es una rosa // Pero mejor no la cojas // Sólo crece cuando está en el rosal. // Un puñado de espinas // y sabrás qué has perdido // Pierdes tu amor // cuando dices las palabras "es mía". // Quiero ver lo que nunca se ha visto, // Quiero vivir el viejo sueño de siempre. // Vamos, muchachos, podemos ir juntos // Vamos a hacerlo lo mejor posible, // Lo mejor posible. // Quiero ir a cavar con aquella vieja azada // como hace tiempo en un pueblo del oeste // Recógeme porque mis pies sólo se arrastran // Anímame y llenaré el carro de paja. // El amor es una rosa // Pero mejor no la cojas // Sólo crece cuando está en el rosal. // Un puñado de espinas // Y sabrás qué has perdido // Pierdes tu amor // cuando dices las palabras "es mía". // Es mía, mía // El amor es una rosa, el amor es una rosa. // El amor es una rosa, el amor es una rosa.)

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De pequeño, cuando en el Bogatell, mi colegio de EGB, se celebraban los Jocs Florals de Sant Jordi, tenía un reto: año tras año únicamente lograba quedar finalista en los diferentes concursos de poesía y prosa. Un día que aún hoy recuerdo, en la entrega de premios estiré de la bata de mi profesora, inocente de mí, para preguntarle "Y los premios de los finalistas, ¿cuándo los dan?". Me llevé una buena desilusión cuando me explicaron que esos magníficos y voluminosos diccionarios no eran para los finalistas, que nuestras obras "sólo" recibían como premio quedar inmortalizadas en los libretos de Jocs Florals editados (fotocopiados) cada año. Pero que no. Ni diccionarios, ni ningún otro libro. Aquello era 2º de EGB, y aunque fuera una tontería, recuerdo que me entraron unas ganas de llorar terribles. Veía la alegría con la que mi compañero, vecino y casi hermano, Josep, recogía sus premios. Y yo también quería aquellos diccionarios. Mi profesora, Mari Carme Arqués, me explicaba "Ser finalista també és molt important, Sergi, no et preocupis per això". Una tontería, pero ahí nació un reto: conseguir algún día esos preciosos diccionarios.

Parecía que el destino, o quién quiera que fuese, me quería jugar una mala pasada. Año tras año, uno tras otro, seguía siendo finalista. Pero algo ocurrió en 7º de EGB. Escribí un poema titulado "Blancas flores de plata", y al fin, un diccionario de la "Gran Enciclòpedia Catalana" llegó a mis manos, para formar parte de las estanterías de mi habitación. Hoy, cuando lo abro, todavía leo emocionado en su primera página la transcripción a mano de aquel poema.

Y lo mejor es que retos como éste duran siempre, que hay muchos diccionarios en la vida, de los que poder seguir aprendiendo. Tan sólo hay que buscarlos, y a veces, ganarlos. Que todo lo bueno cuesta.

Bona diada de Sant Jordi a tothom, entre libros, rosas y gente a quién quieras. Sin más, sin menos.

Sergi

17 de abril de 2006

Personajes (II): Una pareja

Correo electrónico de Él a Ella: "Me han traído un regalo para ti."
Correo electrónico de Ella a Él: "Eso quiere decir que hoy vuelves a llegar tarde..."
Correo electrónico de Él a Ella: "No, todavía no lo he abierto."
Correo electrónico de Ella a Él: "Al llegar no me despiertes."
Correo electrónico de Él a Ella: "No, no te diré qué es."
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Y entonces la conversación acaba con un "no corras", "ya tengo ganas de verte", "ten cuidado al volver", "muchos besos cariño", "te quiero", "yo también", etcétera, etcétera. Y sí, quizás no se lo han dicho. Pero lo piensan, y lo dirán al verse, aunque sólo sea con la mirada, con un roce, o con un gesto... Por eso son una pareja.

13 de abril de 2006

Una silla en la escalera

Volvía a su casa del trabajo, algo cansado. Llegaba y aún se sentía un desconocido, se enfrentaba a un mundo anónimo al que no había tenido tiempo de presentarse, un mundo que aún no era capaz de rellenar ni con los recuerdos transportados, ni con las experiencias por vivir. Como siempre, subió a su casa por la escalera, contando los escalones, deseando que algún día faltara uno, o apareciera otro nuevo. Siempre esparaba ese toque de magia que le pudiera cambiar la vida. Y aquel día, al llegar al rellano de la segunda planta encontró una silla de madera, y sentada en ella......
***
Salía de su casa algo cabizbaja. Era mucho tiempo transportando sensaciones de un lado a otro, buscando un lugar en el que construir sentimientos. Pero todavía creía en la magia y en la fantasía, y algo le decía que aquél era el lugar. Empezó a bajar las escaleras, como siempre, y al llegar al rellano de la segunda planta encontró una silla de madera, plegada y apoyada contra la pared. La abrió y se sentó. Porque en ocasiones esperar merece la pena.
***
"Extracto del acta de la reunión de la comunidad de propietarios de la C/ Llull 256, celebrada el 16 de marzo de 2006:
(...)
Ruegos y preguntas:
(...) A sugerencia de los presentes, serán colocadas en los rellanos sillas plegables de madera mientras duren los trabajos de reforma del ascensor, para el descanso de aquellas personas con especial dificultad en subir las escaleras."
***
Aquella silla les dio magia y fantasía para siempre.

6 de abril de 2006

Poema morfosintáctico


Ella miraba a su hijo, escondida tras la puerta, desde el pasillo. Él, en el sofá del comedor, canturreaba unas extrañas palabras. "A arre, arre buru, buru coqui, coqui elec, elegh frai, frai hugh, hugo lisb, lisc munt, muñe peca, peca rema, rema supe, supe zeta". Una cantinela a capella, susurrada en un crescendo agradable. Y ya hacía algunos días que la escuchaba. Su hijo parecía alegre, feliz. Ella sonrió.

En clase de lengua, disfrutaba como un tonto cuando llegaba la hora del análisis morfosintáctico. Era como practicar arquitectura con las frases: trazábamos líneas, inventábamos conexiones, uníamos elementos... De la letra a la palabra, de la palabra al sintagma, del sintagma a la oración, de la oración a la comunicación. Todos, sujeto y predicado, nombres y adjetivos, verbos y complementos, bien compenetrados y conjugados, que en caso contrario, no hay comunicación posible. Y sin comunicación, no hay arquitectura que valga: la casa se viene abajo. Y es que hay que construir ladrillo a ladrillo, palabra a palabra. Y disfrutar como un tonto, claro.

- Tete, ¿qué es lo que cantas?
- ¿El qué?
- Esas palabras.
- Ah, son las que aparecen en los tomos de la enciclopedia.
- ¿Y cómo es que las has aprendido?
- Bueno, para encontrar más rápido las palabras.
- Ah, muy bien. Y veo que le has puesto música.
- Sí, sí.

La madre sonrió, y su hijo le devolvió la sonrisa. Y hoy, él, como si fuera el mejor poema que nunca hubiera aprendido, aún canturrea esas palabras. Y ella, como si fuera el mejor poema que jamás hubiera escuchado, aún le sonríe.

1 de abril de 2006

Géneros, subgéneros y otros inventos

En uno de mis paseos sin rumbo, acabé sentado en un banco leyendo la revista Rockdelux. Su sección "Crítica de discos" tiene una particularidad que ha acabado por engancharme. Cuando hace poco vi "Capote", la película, encontré la historia de un personaje extravagante que con una obra, "A sangre fría", creó estilo, inventó un género: la novela documental de no ficción. Y esto de inventar un género debe ser casi como descubrir que la tierra es redonda y lograr que no te quemen por ello, o descubrir que las manzanas de un árbol no caen en la cabeza sólo por mala suerte. Vamos, que debe ser la repanocha.

Pues bien, cuando Rockdelux adjetiva los géneros o subgéneros de los discos reseñados en su sección de "Crítica" me descuajaringo vivo. Encuentras sorpresas que seguro sonrojarían a los propios músicos, quizás orgullosos de saberse también inventores de estilo. Pero el mérito lo tienen los críticos, para qué negarlo. Sirvan los ejemplos más coloristas: nanas pop, post-pop, pop distinto, hard pop, jamaican hop, pop castizo, pop místico, garrafón punk-rock, chanson esnob, freakodelia, dream song, minimal folk, post-folk electrónico, post-rock experimental, art rock... Un diccionario surrealista y psicotrópico divertidísimo, cargante al principio, pero que al final ha acabado por resultar una simpática seña de identidad.

Y todo ello me ha recordado que hace un par de meses, con la lectura de uno de los relatos incluídos en "Error humano", del retorcido Chuck Palahniuk (el titulado "Está usted aquí") también me descubrieron un nuevo género literario. En el relato, Palahniuk explica cómo de forma regular se celebran reuniones en los salones de un hotel, en las que un grupo de hombres y mujeres, sentados en cabinas individuales, esperan que vayan circulando por sus improvisados despachos multitud de aspirantes a escritores, con manuscritos garabateados, guiones de cine o cualquier otra cosa que sea publicable en potencia. Una vez les llega el turno, tienen siete minutos para vender su historia, es el tiempo que durará su oportunidad, hasta que entre una persona de la organización y les arranque de la silla. Son siete minutos de los cuales depende que esa historia se convierta en best-seller, éxito hollywoodiense, telefilme de sobremesa, literatura biodegradable o quién sabe qué. Incluso puede que acabe en una papelera. Bueno, pues cito a Palahniuk:

"La mayoría de los escritores que hay aquí son viejos: viejos siniestros, jubilados que se aferran a su única buena historia. Que agitan su manuscrito con las dos manos moteadas por la edad y dicen: "¡Tenga! ¡Lea mi historia sobre incesto!" Y es que la mayor parte de toda esta escritura trata sobre el sufrimiento personal. Apesta a catarsis. A melodrama y memorias. Una amiga escritora se refiere a esta escuela como la escuela literaria de "Brilla el sol, los pájaros cantan y mi padre vuelve a estar encima de mí".

A pesar de lo desestimulante del fragmento, río a carcajadas cada vez que lo leo: la escuela de "Brilla el sol, los pájaros cantan y mi padre vuelve a estar encima de mí". Y ojo, en ella nos encontramos más de los que creemos, que en el fondo, aunque no nos lo parezca -o no queramos-, nuestras vidas no son tan diferentes, lo que sí son es especiales, que para eso son las nuestras; aunque sólo nos den siete minutos para explicarlas; aunque acaben en una papelera. Así que, ¿en qué género colocamos a nuestras vidas? Brilla el sol, los pájaros cantan y mi padre vuelve a estar encima de mí. ¡Joder, es que hay que reirse!