30 de mayo de 2006

Café, azúcar y rock and roll

Botón "play". Suenan los azucarados acordes de Teenage Riot, me endulzo la vida de rock 'n' roll, y me digo que ya puedo morir tranquilo, y también que ya puedo volver a vivir tranquilo, que todo el mundo vuelve a hablar del mal tiempo. Apreto "play" y pongo una cucharada más de azúcar en la taza de café. Sorbo y escucho. Escucho la melodía de granos de café triturados, de sobres de azúcar golpeándose. Y escucho. Apreto "play" y sorbo.

BCN 30052006, 17.05-17.10


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Un edificio antiguo, de bastantes plantas. Una escalera de caracol, que se estrecha en los pisos superiores, como la torre de Merlín. Mi camisa a cuadros verdes que sube los escalones, y se encuentra con unas uñas pintadas de rojo vestidas en sandalias. Qué sorpresa. Charlan un rato, hasta que una bonita mirada cinéfila les interrumpe, y saluda a la camisa: ¡Cuánto tiempo! Hablan de Kusturica y más, y se despiden. Vuelven a quedar los dos solos, aunque rodeados de gente. Charlan algo más, y toman cada uno un camino.
Paseo abajo, y mientras hablo con un teléfono, de preciosa cabellera negra y labios rojos, encuentro una cámara persiguiendo a un micrófono. Y este micrófono resulta ser amigo del teléfono. Hablan, risas y nos presentamos.
Qué divertidas casualidades, que acaban con un vinilo de 7 pulgadas rodando hasta casa, un portátil noctámbulo clamando descanso, y la brisa nocturna acariciando el final del día. Todo el mundo habla del mal tiempo, y qué puede hacer uno, además de preguntarse si es cierto.

Everybody's talking 'bout the stormy weather
and what's a man do to but whether it's true
(...)

Teenage Riot, Sonic Youth

28 de mayo de 2006

Despertar

Despierta de un sueño y piensa, quiere recordarlo. Todavía enmadejado en sábanas, escucha el movimiento en la calle: una sirena, un niño y su bicicleta, pájaros cantando, una pelota. Le encanta, un momento eterno. Y cuando quiere abrir los ojos, se da cuenta de que ya no puede.

(Solitary Figure in a Theatre, Edward Hopper)


23 de mayo de 2006

La Zona Negativa

Aventureros incansables, imaginautas, como desde hace poco también se les conoce, los continuos viajes de Los 4 Fantásticos rumbo a lo desconocido bombardean mi cabeza. Siempre espero impaciente noticias sobre sus aventuras en la Zona Negativa, la dimensión desconocida que Reed Richards descubrió ya hace unos años. En ella han encontrado razas escondidas, lejanos y extraños planetas, o incluso ciudades pensantes y autosuficientes que no quieren habitantes. Un sinfín de misterios y peligros que los cuatro, ataviados con un uniforme conocido ya en todo el universo, no dudan en atravesar si el futuro de la humanidad depende de ello, aunque trampas fatídicas les esperen, como el caleidoscópico y surrealista sector deformante, un área de distorsión ubicada en la entrada de la Zona Negativa, o el núcleo central, mortal para todo aquel que se acerque, al quedar atrapado en su corriente gravitatoria del espacio de antimateria, y explosionar contra Tyanna, un planeta en el sub-espacio de carga negativa. Pero ellos, incombustibles, siempre salen ilesos. Siempre. Y siempre vuelven.

Hoy, después de una tarde algo extraña, de un par de decisiones no muy acertadas, bueno, ya sabéis, una tarde de aquellas de las que acabas con prisas por llegar a casa, buscando un buen sofá en el que escuchar un buen disco (de Daniel Johnston, por ejemplo), o leyendo un buen libro, o hablando con una buena amiga... En fin, una tarde en la que sólo quería encontrar la normalidad de diario, esa que tantas veces criticamos. Pero ay, la búsqueda de la tranquilidad no siempre es tarea fácil, a veces incluso se convierte en buen argumento para un cómic...

Ocho de la tarde, ronda del Litoral, Barcelona, salida Diagonal Mar. Ya llego a casa, ventanillas bajadas, el próximo disco sónico en las ondas y... ¡Vaya! En un tramo donde normalmente no hay circulación, hoy encuentro cuatro carriles de coches parados, con los intermitentes de alarma encendidos. ¡Problemas! Sorpr
endido, recordé el valor de los héroes de Marvel, el ingenio y decisión de Richards, y en milésimas de segundo analicé la situación, evaluando las variables exógenas y endógenas, creando un modelo econométrico que me permitiera encontrar una rápida solución: ya estaba cerca de casa, quería llegar lo antes posible, y estaba claro que el camino estaba cortado... Miré a mi derecha, vi aquel acceso oscuro por el cual yo sabía que en un salto de dimensión espacio-temporal podría atravesar los márgenes de nuestra realidad hacia una calle más descongestionada. Aquel acceso era el portal de entrada de mi particular Zona Negativa, y no lo pensé dos veces: el futuro de la humanidad no podía depender de una duda injustificada. Tan sólo tenía que adentrarme en los tortuosos túneles del párquing del centro comercial de Diagonal Mar, y buscar la otra salida, la que me llevaría a una calle libre que me abriera paso hasta el objetivo: el edificio Baxter donde vivo...

Adentrarme en el párquing de Diagonal Mar...

Atravesé el portal, y la zona de distorsión, y me escabullí de Blastaar, Annihilus y Stygorr, recorrí las calles de la ciudad pensante de Ootah, escapé de la atracción magnética que rodea el planeta de Tyanna, en el vértice de la zona, y... Bueno, que pasó lo que tenía que pasar: que me volví a perder en el párquing de Diagonal Mar, esta vez con el coche, intentando encontrar la salida opuesta del centro comercial, mientras mi cabeza ya daba vueltas como una peonza, para acabar saliendo sin querer por el mismo sitio que entré, acordándome de todos los santos y amén, del tío que diseñó el dichoso párquing, o mejor dicho, la dichosa Zona Negativa.

"¿Y qué te pensabas? ¿Que no nos perdemos nosotros también?" Me comentaba Reed por la noche. "Explora y disfruta".

Pues es verdad, como los 4 Fantásticos en la Zona Negativa. ¿Y lo mejor de todo? Que ellos siempre acaban volviendo allí.
Igual que yo, otro imaginauta.

19 de mayo de 2006

Personajes (IV): Gente corriendo

Las emociones no daban para más: centenares de personas corrían calle arriba, con la mirada puesta atrás, en una temerosa desconfianza que no casaba bien con la felicidad que expresaban sus sonrisas. Ellos cuatro también corrían, todavía con ganas de reir y saltar y cantar. Y entonces X., se detiene y, brazos en alto, avisa a sus amigos:

- ¡Ei, Ei, Ei! ¡Un momento!
- ¿Qué ocurre?
- ¿Pero qué cojones hacemos a nuestra edad corriendo delante de la policía?

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Clarividencia terrenal, amigos. Para reir... O no.
Entrada la noche la alegría se desbordó, y medio mundo, emborrachado de un torrente de sensaciones, decidió correr a la vez una carrera en busca de un premio que, aunque fugaz y aparentemente insignificante, era ingrediente vital para una fórmula, una cataplasma que embor
racharía de felicidad las células del tejido epidérmico de muchos. Una fórmula magistral por la que nadie ha reclamado aún el Nobel de química, pero que por desgracia produce una reacción y efectos secundarios solamente detectados en el ser humano: a las pocas horas queda corrompida, y las células inician una batalla campal, una representación real de la tristeza de la vida, del conflicto bélico entre personas, una lucha cruel.
Una carrera por la felicidad y también nos la cargamos. ¿Habrá suficientes Ramblas de Canaletes en el mundo? No fallemos de nuevo, que quizás la felicidad la encontremos todos allí.


16 de mayo de 2006

La pala

Los gritos en forma de eco todavía llegan a través del camino. En el terreno sediento y escondida entre arbustos rojizos, yace una pala, abandonada a su suerte, reposando de violentos esfuerzos. Todo quieto y muerto, y ella allí, en esa tierra removida, guardando un secreto. Ella allí, testigo y cómplice.

11 de mayo de 2006

El vent (El viento)

El vent
BCN 09052006

Bufava sense parar. Mirava d'on venia sense conèixer l'origen. Buscava entre les fulles que voltaven, que volaven tocant el meu cap, que interferien la llum que arribava del cel. El vent bufava sense parar, i seguia sense saber d'on venia. Potser algú respirava massa fort, potser algú tossia els darrers
escups de la seva mísera vida, potser algú desprenia tota la força del primer alè... El vent, l'aire, quelcom immaterial, quelcom inesperat. I la vida, intangible, invisible, atravessant febles jaquetes de punt.

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(traducción)

El viento
BCN 09052006

Soplaba sin parar. Miraba de dónde venía sin conocer su origen. Buscaba entre las hojas que rodeaban, que volaban tocando mi cabeza, que interferían la luz que llegaba del cielo. El viento soplaba sin pa
rar, y seguía sin saber de dónde venía. Quizás alguien respiraba demasiado fuerte, quizás alguien tosía los últimos salivazos de su mísera vida, quizás alguien desprendía toda la fuerza del primer hálito... El viento, el aire, algo inmaterial, algo inesperado. Y la vida, intangible, invisible, atravesando débiles chaquetas de punto.

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(14/05/2006: Esta es la "Rosa dels vents" que aparece en el "Atles català", aproximadamente del año 1375; verdaderamente preciosa, con los nombres de los vientos en italiano, y el norte marcado por una flor de lis)

5 de mayo de 2006

Personajes (III): El niño, el dvd y su onomástica

Hoy, un niño -llamémosle A.- celebraba su onomástica. La excusa ideal para recibir regalos. Ellos nunca se cansan: que si el santo, que si el cumpleaños, el Papá Noël, los Reyes Magos, el premio a unas buenas notas en el colegio... Y aun así, se permiten el lujo de preguntar porqué demonios nadie ha pensado nunca en crear el Día del Hijo. Mejor que no den más ideas a El Corte Inglés.

Uno de los regalos que recibe A. es un dvd pirata, con un montón de episodios de una serie de dibujos animados de Astérix y Obélix. La portada, absolutamente amateur, es un fotomontaje en el que aparecen dibujados Astérix, Obélix y Idéfix, pero con las caras superpuestas del niño, de su padre y del perro de casa. Cosas que siempre gustan a los niños, ¿no?.

Mientras la madre se ocupa de los quehaceres de casa, y la abuela prepara la cena, A. coloca la película en el reproductor y se sienta en el sofá, ya cansado, a ver el dvd. Al cabo de un rato, entre sonidos de mamporros y gritos ("están locos estos romanos") y jabalíes en peligro de extinción intentando esconderse de unos irreductibles y divertidos galos, se oye al niño decir:

- ¡Mamáááááá! ¡Pasa al siguiente capítulo, porfi!

- Ya voy A., ahora te lo cambio.

La madre pasa al siguiente capítulo del dvd pirata. Esto no era tan fácil con los vídeos de antes: a los impacientes (niños y no tan niños) les era más difícil llegar al fragmento deseado con exactitud, había que acostumbrarse a aquellos extraños contadores, y tomarse la molestia en apuntar la referencia en algún trozo de papel que quedara guardado en la carátula. Ver una película a trozos: ¿ventajas de la vida moderna? ¡Ja! La madre se sonrió, y continuó barriendo el pasillo.

- ¡Mamáááááá! ¡Pasa al siguiente capítulo, porfi!
- ¿Otra vez, A.? Ya voy , ahora lo cambio. Dame el mando.

Y la madre vuelve a cambiar de capítulo. Tampoco es de extrañar: A. es impaciente, quizás los capítulos no le gusten, o posiblemente ya esté a punto de traspasar aquella línea imaginaria, aquel punt
o de inflexión en el que, si a un niño le gustan ciertos dibujos animados, a un hombrecito ya no. ¿Quién sabe? Mmmmm, qué bien huele la sopa de la Yaya...

- ¡Mamáááááá! ¡Pasa al siguiente capítulo, porfi!
- Pero bueno, ¿qué pasa aquí? ¿Que no te gusta la peli, A.?
- Sí, sí que me gusta, pero es que quiero poner el capítulo donde salgo yo.
- ¿Cómo?
- Sí, el capítulo donde salgo yo.

Y A. enseña a su madre la carátula, señalando el personaje de Astérix, que no viste el clásico bigote amarillo, ni su casco, sino que tiene cara de niño: la carita de A. Y me hace feliz ver que en su traviesa cabecita caben tantas ilusiones, tantas historias. Hago mías unas palabras de Paul Auster, de su Brooklyn Follies: "cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir." Pues que siga.