29 de septiembre de 2006

Heart of Gold, Neil Young

Quiero vivir, quiero dar
He sido un minero buscando un corazón de oro
Son esas expresiones que nunca pronuncio
Lo que me hace buscar un corazón de oro
Y me estoy haciendo viejo

He estado en Hollywood, he estado en Redwood
Crucé el oceán buscando un corazón de oro
He estado en mi mente, es una línea tan fina
Lo que me hace buscar un corazón de oro
Y me estoy haciendo viejo

Lo que me hace buscar un corazón de oro
Tú me lo haces buscar, y me estoy haciendo viejo
Lo que me hace buscar un corazón de oro
He sido un minero buscando un corazón de oro

"Un corazón de oro", de Neil Young

24 de septiembre de 2006

botella de agua

Alguien llora en las calles,
y la gente no saca pañuelos, sino
paraguas de colores: rojos, azules o negros.
Desde la calle, se enciende y se apaga
la luz de un ventanal. Llego a casa y encuentro
en el rellano una botella de cristal,
con un litro de lluvia,
un litro de lágrimas.
Y me pregunto quién las ha recogido.
Quién diablos las ha recogido.



17 de septiembre de 2006

Letra huérfana, página vacía



anda una letra buscando su página
una pluma llora lágrimas de tinta
mientras el escritor llama
a su botella de bourbon

y la tinta encuentra la letra
y la pluma encuentra su página
y el escritor se siente extraño
al fin un libro en la mano
pero por la botella acompañado
y aunque la pluma ya no llora
las páginas siguen manchadas
son las lágrimas del borracho
las que borran sus líneas

una letra huérfana
una pluma que llora
un borracho abandonado
una página manchada
y el resto en blanco

11 de septiembre de 2006

Notas de un viaje (y III)


Night on Earth


La ciudad nos recibe a la fresca y con lluvia. Desde la parada donde nos deja el metro, empezamos a caminar en busca del hotel. La luz tenue de las farolas queda manchada por esas gotas de agua que nos saludan en la cara. Buscamos ayuda en algún taxista. Es tarde, a saber qué puede pasar...

Fragmento del film "Night on Earth", de Jim Jarmusch:

NY. Noche. Dentro de un taxi. YoYo, después de comprobar que su taxista, Helmut, no sabe conducir decide tomar el volante él mismo, y hacer el trayecto con el taxista de acompañante:

"YoYo: Y tú, ¿de dónde eres?
Helmut: De Alemania, de Alemania Oriental. Soy de Dresde. Queda cerca de Checoslovaquia.
YoYo: ¿Cerca de qué?
Helmut: Checoslovaquia. Praga. La capital, Praga.
YoYo: (asintiendo) ¿Qué, te escapaste de allí?
Helmut: No, tenía derecho a marcharme.
YoYo: ¿Tienes familia allí?
Helmut: (mirando por la ventanilla) No tengo familia.
YoYo: ¿Y qué hacías allí antes de venir aquí? Está claro que no eras taxista, Jua Jua Jua Jua
Helmut: (sonriendo) Era payaso en un circo.
YoYo: ¡No jodas tío! Juá Juá Juá
Helmut: Te lo enseñaré (Helmut saca dos flautas que empieza a tocar al unísono)

No hay nadie en la calle, creo que estamos más en las afueras de lo que creía. Por la mañana nos aseguraremos. Conseguimos parar al cabo de un rato un taxi. Es un Skoda antiguo, pequeño. El taxista nos mirar con ojos pequeñitos y expresión sosa. "Vamos a este Hotel", le señalamos en el mail que lleva Xavi, "Está en la calle Neklanova". Tras largos segundos mirando el papel, sin abrir su pequeña boca, mientras en el polvoriento radiocassete sigue sonando una canción que nos traslada al pop de hace 20 años, el taxista pulsa el botón del taxímetro, y empieza a buscar en su guía de calles. Le ofrezco ayuda con el mapa que traemos en nuestra guía. ¡A mí no me timan!
No. No nos timaban. Perdidos en las calles de Praga, el taxista, Xavi y yo, arranca el coche en un concéntrico trayecto que nos acabará dejando en un hotel equivocado, a en el otro extremo de la calle que buscábamos, y el tio devolviéndonos el cambio en euros: no tenía coronas, pero sí euros... Helmut, ¿dónde estás cuando te necesitan?

Praga, un bonito insecto

El panorama ya se transforma, como Gregor Samsa una mañana, después de un sueño intranquilo, que se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Praga, una ciudad en incipiente transformación. En la ciudad, un curioso y dorado reloj para astrónomos marca las horas del presente, y las fachadas y adoquines nos explican el pasado: nos hablan de primaveras violentas, de revoluciones pacíficas aterciopeladas, de límites fronterizos, de escritores surrealistas, de un gran río, de dos grandes castillos, de un puente mágico, de un sorprendente cementerio... Praga...

Colores

La lluvia parece pintar las fachadas de los edificios del conglomerado urbano: lilas, amarillos, verdes, rojos, todos los colores se dan cita en una orgía que batalla, bajo el mando del azul acuoso del Moldava, contra el gris tradicional del viejo continente, contra la sombra que a veces se ha cernido sobre las tejas rojas de las cubiertas de las casas. Mientras tanto, adornados por los destellos de la ciudad,
Fred y Ginger bailan.

Un hotel curioso

Techos inclinados, televisiones gigantes, Ray Loriga, Sonic Youth y La pistola de mi hermano, cuadros de H.R. Giger, vinos noctámbulos en el salón con David, el recepcionista, huevos fritos, bacon, salchichas de frankfurt, embutidos, café y pastas, gente trabajadora... Quizás éramos nosotros, quienes lo hacíamos curioso.

Escudos, espadas y hachas mágicas

Nada más pisar la ciudad, Antón ya nos avisa que estamos en una ciudad distinta, mágica, que hay fantasmas guardando cada una de las esquinas. "Los escudos mágicos que traemos camuflados con formas de paraguas nos servirán, como este hacha que he conseguido en el castillo de Praga", dice, "No hay por qué preocuparse. Y punto". Siempre es bueno poder tener a tu lado a alguien tan valiente que confiera seguridad al grupo en la aventura. El caballero sin armadura: Antón. Sus fieles escuderos le acompañamos.

Espionaje industrial

Cuenta la imaginería popular que, cuando en 1490 se encargó al maestro relojero Hanus la reconstrucción del
reloj astronómico del Ayuntamiento de Praga, los regidores municipales, para evitar que pudiera copiar esa obra maestra en otra ciudad, le dejaron ciego. Un perfecto caso de espionaje industrial en el peligroso arte y oficio de la relojería.

Telegrama

Vino tinto: Frakovka, Vavrinecké
Cervezas (Pivo): Budweiser Budvar, Plznský prazdroj (Pilsner Urquell)
Una historia: El buen soldado Svejk
Una calle: Golden Lane
Lugares: La plaza de la ciudad vieja (Starometské námestí), el antiguo cementerio judío (Starý Zidovský Hrbitov; debido a la falta de espacio, los cuerpos eran enterrados unos encima de otros, hasta apilar doce), los alrededores del castillo y el barrio de Malá Strana (con sus calles en bellas subidas y bajadas), el puente de Carlos IV (Karlúv Most).
Y más, siempre más...

Despedida de Praga

Brindamos esa noche con vino checo, por los días pasados, y por qué no, por los que habrán de llegar. Es el día que más trasnochamos: parece que no queramos ir a dormir, que no queramos que un sueño, el de este verano, se acabe. Por la mañana Praga nos despedirá con una sonrisa luminosa, con rayos de sol que nos invitan a volver.
No sin antes padecer una breve discusión con el taxista de turno, nosotros también nos despedimos de Praga: hasta pronto.

Mayte

Hemos llegado a Barcelona. Un vuelo sin novedades, a lo que seguro ayudó que fuera el día que menos dormimos. Después de una hora de huelga encubierta de los trabajadores de tierra del aeropuerto, por fin conseguimos las maletas. Estamos todos en círculo, Antón con una bolsa de ganchitos que, generoso, acerca a todos. Su mirada se posa en una chica preciosa. Dos pasos hacia ella y le alarga la mano, ofreciéndole ganchitos:

"¿Quieres uno?"
"No, no, gracias. Son para ti."

Antón se gira hacia nosotros, y le digo "¿Ya le has dicho a esta chica cómo te llamas?" Quien contesta es ella, con una sonrisa que ilumina su cara: "Sí, sí. Ya sé que se llama Antón, he hablado con él antes". Ya veo que Antón no ha perdido el tiempo en esa hora de espera. Insisto: "¿Y ya le has preguntado cómo se llama ella?". Llevándose un ganchito a la boca, la mira y le pregunta:
"¿Cómo te llamas?
"Mayte", contesta ella con una sonrisa.
Y entonces Antón se gira hacia nosotros, levanta las cejas sorprendido y en un momento del todo trascendente nos suelta: "Como la canguro, tío." Su cara es un poema... Y las nuestras: en el aeropuerto aún se escuchan los ecos de nuestras carcajadas.

Epílogo

Cargo una maleta verde en mis manos, mientras me dirijo hacia una puerta de cristal que se abre al aproximarme. Parece fruto de la magia. Una bocanada de aire fresco me golpea la cara, y veo a lo lejos un sinfín de de aventuras por vivir. Miro atrás, y antes de que la puerta se cierre, también veo muchas cosas. Cosas guardadas ahora por una puerta mágica, que sólo se abrirá cuando yo me aproxime.


Por todos esos momentos, y tantos otros escondidos en algún sitio, gracias a Mati, Núria, Germà, Anton i Xavi.



3 de septiembre de 2006

Notas de un viaje (II)

continuación de Notas de un viaje (I)

El Graben

Cuando estás en el centro histórico de Viena, inevitablemente acabas devorado por la multitud en el Graben, una gran arteria peatonal, que nace justo al lado de la Stephansplatz (la plaza de la catedral de San Esteban). Una calle comercial, repleta de tiendas (la globalización ha hecho de las suyas, ya que bien pocas son autóctonas) en las que la gente cae hipnotizada ante sus escaparates. Me explican que en el siglo XVIII las "ninfas del Graben" también vendían allí sus encantos. Destacan las elegantes fachadas de los edificios históricos, manchadas en ocasiones por horribles letreros luminosos. Entre las islas de edificios, a veces se cuela alguna de las múltiples iglesias de Viena, como una casa más. Muchos de los paseantes no sabrán que la calle fue, siglos atrás, un foso. Los cocodrilos de hoy, claro, son los precios.

Crestas

Después de unas cervezas, sufriendo el triunfo del Sevilla sobre el Barça en la barra de un pub céntrico, nos atrevemos con la noche vienesa en busca de uno de los locales más
conocidos del centro de Europa. Aquella noche la sesión se denominaba, para bien o para mal, (que nunca lo sabremos) "London Calling". Un trayecto largo, apartado del ring, nos convence que quizás la mejor opción sigan siendo las tabernas cerveceras del casco antiguo. En el camino nos cruzamos con jóvenes de estilo punk y gótico: hacía años que no veía crestas, pero London les llama. Palacios, cafés bohemios, crestas punk. Viena es historia, pura historia.

Autobuseros

Cenando en el Tricaffe, se acerca el camarero, un personaje singular que ya habíamos conocido unas jornadas antes, pequeño, de pelo corto, sonriente e irónico, viste unas gafas oscuras color lila, aunque es de noche. Después de una charla simpática sobre tarjetas de crédito, se vuelve a acercar a la mesa y en su divertido italiano me pregunta: "Perdona, eres de Barcelona, ¿verdad?"; "Sí"; "Es que ya hace un tiempo que me ronda la idea de ir a vivir allí, y te quería hacer una pregunta sobre salarios ¿no te importa?"; "No, desde luego que no". Yo ya pensaba que la pregunta iría sobre salario mínimo, etcétera, etcétera, pero no: "¿Cuánto cobra un conductor de autobús?" No hay nada como tener las ideas así de claras: un autobusero frustrado.

Compañeros de aventuras

Se unen nuevos compañeros de aventuras, que podemos, por ejemplo, llamar Núria, Mati, Germà y Antón: dos damiselas, un empirista y un mago que se unen a nuestro viaje hasta el infinito y más allá. Con ellos conoceremos los últimos exotismos de Viena, y daremos repaso a lo ya visto. Belvedere, Stephansdom, el Prater, el Danubio, la ciudad interior, el Ring, el Pabellón de la Sezession, el Café Schwarzenberg, los Habsburgo, el Hofburg, Albertina, el Volkstheater y tantas otras cosas que pronto se quedarán atrás.

Un tren de ensueño: Viena - Praga

X. y yo viajaremos a Praga en tren, y allí nos volveremos a encontrar con el resto, quienes llegarán en el coche alquilado en el que nos llevan ahora mismo. Nos dirigimos a la estación con el tiempo justísimo, aunque Germà, hombre de números y de relojes, lo ha calcula
do todo: "Llegaremos a tiempo siempre y cuando no equivoquemos el camino". Efectivamente llegamo JUSTO a tiempo, aunque una dificultad inesperada, la variable aleatoria del modelo econométrico estimado hace su aparición: la puerta trasera del coche no se abre, con lo que arrancamos a correr hacia los vagones sin maletas. Ya dentro del tren, preocupados por saber si hemos subido al vagón correcto, empezamos a buscar nuestros asientos entre coche y coche, hasta preguntar al revisor dónde hemos de sentarnos. Su respuesta nos deja algo atónitos: "Tranquilos, sentaros donde queráis". La preocupación no existe en este tren de ensueño: cuatro horas de viaje nocturno y estaremos en Praga.