26 de marzo de 2009

Smells Like Records

¿A qué huele? Smells Like Records

La singladura de Smells Like Records,  el modesto sello independiente fundado en 1992 por el batería sónico, Steve Shelley, ya sobrepasa el medio centenar de referencias con un catálogo especializado en trabajos de tímidos anonimatos y eclecticismo sencillo que ha abarcado desde las ediciones en vinilo de los últimos largos de Sonic Youth, pasando por el rock austero de Two Dollar Guitar, las líneas más depresivas de Cat Power, los primeros (y desagradecidos) Blonde Redhead, el pop en blanco y negro de Cristina Rosenvinge o los trabajos del desaparecido cantautor y productor Lee Hazlewood.

El característico afable espíritu del sello se prolonga en tres de las últimas referencias editadas. American Dreamsicle es el segundo trabajo de John Wolfington, en el que vuelve a contar con la colaboración al bajo de Tim Foljahn (Two Dollar Guitar) y el propio Shelley a la batería. Folk-rock crepuscular que transita las mismas carreteras polvorientas que tanto Crazy Horse como John Cale dejaran intransitables en los inicios de los setenta. Difícil camino el tomado, quizás excesivamente reverencial, pero resuelto con elegancia: la placidez rítmica de Like you love, Shotgun o Wired o las más personales Danger y Walk invitan a sentarse en una silla a limpiar de polvo las botas mientras el sol se oculta. 

Más luminoso y estival es Luscious, segundo LP de Shelby Bryant, un profesor de matemáticas metido a músico. El disco es una broma en serio más que agradable, con mejor sonido que cualquiera de los últimos inventos pertrechados por los admiradísimos Flaming Lips. Con temas como Anyhoo & the Nonsense Pirates, Love beam, Letter 'A'day, Wound by a key, Dizzy o Hmmm... Is that pure bliss? recoge a la perfección el testigo de otros juguetes musicales grabados por Daniel Johnston o The Beach Boys, en un turmix remezclado y sintetizado de sonrisas musicales: pop desenfadado y divertido, canciones que podrían aparecer en la banda sonora de cualquier film del multicolor Wes Anderson (Patterns) o en la próxima entrega del Super Mario Bros (Use your muse).

Por último, el solicitado Tony Scherr (en su nómina de  colaboraciones se encuentran Norah Jones, Ani Difranco, Bill Frisell, John Lurie, Bonnie Raitt o Feist) presenta con Twist in the wind, un auténtico compendio y banda sonora para el aprendiz de american songwritter: temas directos como Shows a little, Anytown, Shopgirl o Black Sheep, suaves melodías vaqueras (While I Was Gone, I want you to want me),  incluso bossanova (The good life): rock, blues, country, soul, jazz... Todo se da la mano con precisión abecedaria y añeja. ¿Y desde cúando eso es algo malo? Larga vida a estos pequeños grandes desconocidos. Y a los que vengan, aunque huelan a música. 

23 de marzo de 2009

raphael y alaska

Alaska es megawoman.
Casualmente hoy recordaba LA imagen de estas pasadas navidades. La compartía a distancia.

http://www.youtube.com/watch?v=XMOI2lsl2U0

La bajada por la escalera ha de pasar a los anales de la historia de TVE.
Raphael y ella están sensuales, eróticos, enamorados.
Bailan juntos hasta en la distancia.
Sus miradas íntimas olvidan al público.
La música parece hermosamente enlatada.
Como antes.
Como siempre.
Quiero esa escalera.
La quiero.


12 de marzo de 2009

El circo de Fellini



No caben las paredes dentro de la caja, ni mis biografías en el buzón. Un brote esquizoide lo puede tener cualquiera; Jekyll y Hyde también jugaban a póker con el correo, intercambiando sellos de Marilyn, desnudos, con las cartas sobre la mesa:
hoy trabajo,
hoy no,
hoy Fellini,
hoy no.

En el circo tres más cuatro son ocho y medio, y un brote esquizoide lo puede tener cualquiera, al igual que soñar en pintalabios, leer los parabrisas o acostarse con la silla de Charlie Rivel:
hoy te amo,
hoy no,
hoy Fellini,
hoy no.

Tres más cuatro es el circo, y el payaso un ateo mareado que defiende que el resultado puede ser diferente a mañana, el filósofo que sabe que ocho más tres deja de ser siete el día en que uno nace, y que una vida posible por cada suma es tanta esquizofrenia como poca misa los domingos y San Pedro esperando, sentado:
hoy Fellini,
hoy no.

La diferencia entre hoy y mañana puede ser una
o ninguna.