31 de mayo de 2010

De sudokus y orgías: Primavera Sound 2010, la otra crónica


Contracrónica del Festival PS2010 para La Vanguardia.es AQUÍ
Sergisonic junto a la mascota oficial de PS: Tim Harrington (Les Savy Fav)


Primavera Sound estimula el ejercicio mental. Ya no cabe la menor duda. Si en Japón surgieron los sudokus, la versión más barcelonesa de estos pasatiempos la encontramos en el PS. No eran nubes, las que según los agoreros amenazaban la agradable climatología mediterránea, sino humo salido de las molleras de los asistentes, estudiando complejas retículas fabricadas en Excel, en las que se incluían horarios, grupos y escenarios. Estas guías artesanales, compartidas desinteresadamente por sus autores en la red en conocidos servidores anti-SGAE, son ya un clásico del festival: pequeñas obras de arte coleccionables que guardarán (también) la historia de PS, y que han logrado crear un mito urbano: la supuesta existencia del oscuro personaje conocido comoSolapador de conciertos. La elección y consiguiente renuncia ha sido, en esta edición, elevada a la categoría de arte. A lo largo del festival se han visto carreras desesperadas a lo Charles Chaplin ("¿Apse, Fuck Buttons o Delorean? ¿Standstill, Wire o Beach House? ¿Built Spill o No Age?"), estrés postraumático ("¡Me quedo con Broken Social Scene, pero sin Tortoise!" "¿Pero Condo Fucks eran Yo La Tengo?") y dudas existenciales ("No sé si ir a ver el mismo concierto de siempre de Wilco, la broma macarra de Les Savy Fav o suicidarme con Japandroids...").

No es un sudoku japonés, pero sí una tortura china de la que (supongo), nos tenemos que alegrar.

Internacionalización, poliglotismo y aglomeraciones. "Que nadie se levante de sus asientos, que esto empieza", parecía decir en la primera jornada Mark E. Smith (The Fall), metido en su papel chulesco de 'postpunki', como cualquier ex-actor porno que te dice "Yo ya he rodado esto antes, y mola". Y todo dios sabía en qué idioma hablaba.

Esta edición ha sido la de las 20.000 lenguas, un Primavera Sound cada vez más destino turístico cultural, con los asistentes haciendo más por la cerveza que el propio sponsor del festival. Pero eso sí, con los asientos justitos, contados. Casi desbordamiento del río durante los conciertos de The XX (las grandes superficies no les pegan ni con pegamento Imedio), Beach House y Low (con un montón de gente disfrutando del concierto de pie, en los pasillos del Auditori). El escenario principal también se ha convertido en ratonera durante los shows de Pavement, Wilco o Pixies. Se le supone lo mismo a Pet Shop Boys, pero este humilde cronista lo ignora, dado que huyó de forma cobarde del escenario mastodóntico en la última jornada. Huyó y triunfó (Polvo y Built to Spill lo bordaron).

La mascota de PS no es Copito de Nieve, pero se le parece.
Tim Harrington, cantante de Les Savy Fav, se encuentra como en casa en PS. Ya tenía ganadas las simpatías de medio mundo con su espectacular performance de 2008, en la que estuvo durante más tiempo actuando entre el público y correteando entre los juncos que sobre el escenario ATP. Y este año había ganas de repetir.

Si no te has encontrado con Tim Harrington o no le has visto en algún momento del festival, es que no has estado allí. El barbudo cantante se mezcló con el público por todo el recinto, paseando su barriga y yendo como un poseso de escenario a escenario. Cantó un tema con Superchunk el jueves, se le vio el sábado bailando sobre el escenario con Liquid Liquid, y el viernes nos regaló, en concierto con su banda de acompañamiento (nunca mejor dicho) Les Savy Fav, otra ración de semidesnudos, disfraces y pinturas. La banda tuvo que dar por terminado el show abandonada por Harrington, quien bajó del escenario al público, salió corriendo, y nunca más se supo. Como Chuck Norris, desaparecido en combate pero siempre vuelve.

Encuestas y debates a pie de cancha.
Metiendo un poco el oído donde no te llaman, enlos corrillos de sabelotodos que, nunca sabes cómo, han logrado ver todos y cada uno de los conciertos, se obtienen improvisadas (y baratas) encuestas. Las frases que más se repitieron fueron sobre la espectacular plataforma que montaron sobre el escenario Broken Social Scene, un nuevo concepto de familia, sobre la melena rizada y desbocada de la cantante de Beach House (qué nombre más bonito) en un directo que supo a gloria, y sobre la espectacular, histórica y bella experiencia del concierto que ofrecieron Low en el Auditori (pasarán los años y todavía se hablará de él).

También se ha debatido sobre los ya clásicos bocadillos bautizados con nombres de grupo. Este año, a los bocatas anodinamente llamados 'Wilco' (queso, pesto y tomates secos), 'Pixies' (jamón serrano con tomate) y 'The Fall' (jamón en dulce con queso y orégano), se ha impuesto por unanimidad el divertido 'Ket Shup Boys' (hamburguesa de carne ecológica).

En cuanto a las aburridas páginas sobre tendencias, es justo destacar la aparición de un nuevo debate entre las masas, ya que la presente edición ha supuesto todo un desfile de moda de tapones de los oídos (modelos fluorescentes, transparentes, salientes y marcianos...), debate altamente necesario desde la ruidosa experiencia vivida con My Bloody Valentine en la edición de 2009. La estética y el diseño, en deuda con Kevin Shields (quién lo iba a decir).

Y después de los títulos de crédito, llega The End
, que no es otro grupo a añadir a la coincidencia horaria de Orbital y The Field (las fiestas separadas), sino que es El Final. Lamarea humana se aleja del recinto. No es Hollywood, pero PS también tiene lujos singulares: el tradicional desfile sobre la alfombra de vasos de plástico es como pisar los recuerdos de una larga noche de verano. Sólo que no es verano, sino Primavera (Sound, claro). Una verdadera orgía musical.

De sudokus y orgías: Primavera Sound 2010, la otra crónica


Contracrónica del Festival PS2010 para La Vanguardia.es AQUÍ
Sergisonic junto a la mascota oficial de PS: Tim Harrington (Les Savy Fav)

14 de mayo de 2010

poema_uno



llueve sin descanso

la incógnita es


......... la sombra del brezo




11 de mayo de 2010

PAZ DIAGONAL


reformar la diagonal sin trazar rectas que asusten al vecindario ajeno a quien molesta el ruido que evitas con tapones de cera en oídos callados a la fuerza como en plena contienda civil a la hora de votar ante una pantalla que no tiene dos sino tres sino dos opciones para deslumbrar con otro fasto de agujeros y cemento pintado de verde del que podrán pastar las vacas y mugir mugir mucho de libertad de eso sí que sabemos mucho de mugir de libertad eso sí que son matemáticas y guerras muchas guerras y todos atragantados de pasto de participación ciudadana afónica de llorar y de decir déjame en paz diagonal

9 de mayo de 2010

NO ES PSEUDOCIENCIA, ES SONIC YOUTH (SONIC YOUTH LIVE BARCELONA Y MADRID: 18, 19 Y 20 DE ABRIL DE 2010)



Sonic Youth

Barcelona, Razzmatazz 1 (18 de abril de 2010)

Madrid, La Riviera (19 y 20 de abril de 2010)

El perfecto colofón a la exposición Sonic Youth etc.: Sensational Fix, revisión artística y estética en torno a la fuerza aglutinadora y sinérgica que el grupo neoyorquino, actor y espectador, pero al fin y al cabo, eje nuclear del underground, más que una mera retrospectiva musical, ha permitido que Sonic Youth visitara el salón de nuestros hogares. Metáforas a un lado, las fechas programadas tanto en Barcelona en Razzmatazz (en su última visita, allá por 1996, todavía histórica Sala Zeleste) como en Madrid, por duplicado, en La Riviera, se vislumbraban como ocasión única y excepcional para olvidar las inclemencias festivaleras y volver a sentirse algo más europeos y selectos, arties y comodones lo cual, si se me permite, también tiene su qué.

La serie de conciertos Don’t Look Back en los que Sonic Youth recuperaba el poderoso cancionero de Daydream Nation (Blast First, 1988), estrenados precisamente en el Primavera Sound 2007, acabaron resultando perfectos alucinógenos excitantes, inesperadas sesiones deconstructivas que harían de The Eternal (Matador, 2009) y su correspondiente gira de presentación (también de paso por el festival barcelonés en 2009) la perfecta y rockera bomba de relojería que rejuvenecería un discurso incorrupto e incorruptible, fiel a 3 décadas de rock de laboratorio, repleto de devaneos abstractos, en ocasiones demasiado minoritarios, facilitándose la malinterpretación (con demasiada facilidad acusados de esnobistas, pocos, en cambio, han discutido el poco recorrido de un LP como Rather Ripped (Geffen, 2006), interesante ponencia pop, pero con poca memoria retinal). The Eternal, por si cabía duda, pone a la banda a la cabeza de este sano revival indie y rock, revival que dice más sobre inciertos presentes que sobre añoranzas lacrimógenas. Y la puesta en escena, como siempre, supone poner toda la carne en el asador: un discurso que no reproduce sino que reconstruye, noche tras noche, el LP casi al completo.

Los dos primeros conciertos ofrecidos en Barcelona y Madrid, se veían afectados por la necesaria ausencia al bajo de Mark Ibold (finalizando la gira de reunión de Pavement), por lo que los neoyorquinos aparecieron en su formación clásica, atacando sin descanso ni reparos una larga serie de oldies, que en realidad no lo son: la pervivencia motora que suponen extraños clásicos de los ochenta (extrañamente también hits reconocibles) como Schizophrenia, Tom Violence, Silver Rocket, Candle, 100%, Bull in the heather o Death Valley ’69 (verdadero himno trágico aún presente), conviven a la perfección con los nuevos vericuetos sónicos: ¿porque no es el de Sacred Trickster el mismo vómito sistémico expulsado en el peaje de Expressway to your Skull? ¿O acaso el bello outro que pone fin a la espectacularmente frontal Anti-Orgasm (ya con Ibold al bajo, en la segunda fecha madrileña) no es fiel a la elipisis instrumental que protagonizan en las afueras temas como The Sprawl y Cross the Breeze? La única fórmula repetida es la de que no hay fórmula, teorema adimensional defendido por Sonic Youth. No se repite nada más que el proceso creativo absolutamente libre de 4+1 mentes calenturientas, sin miedo aparente al dónde de llegada. En esa despreocupación confiada nace el asombro.

Atrevidos, con una Kim Gordon espectacular, de amplio recorrido (la performance exhibicionista y desafiante ofrecida en Barcelona con Shaking Hell, material poltergeist del lejano pero vigente Confusion is sex (Neutral, 1983), ha de ser recordada tanto como la acústica y compleja Massage the History, sorprendente reivindicación in crescendo), Steve Shelley atacando sus timbales como si la vida le fuera en ello (The Sprawl, What we know, The Wonder, No Way), y Thurston Moore y Lee Ranaldo armados de juguetes y argumentos, robados de dimensiones alternativas (Antenna, Catholic Block, Calming the Snake) con los que luchar por utópicos futuros sin silencios (Skip Tracer, Hey Joni, Hyperstation). Acompañamos durante tres noches a Sonic Youth en su épica y particular road movie, salpicada de violencia, desasosiego y preguntas incómodas (White Kross, Malibu Gas Station, Brother James, Expressway to your Skull, Shadow of a Doubt), pero en continua búsqueda exploratoria y expiatoria que nos lleva a la virulenta escena final: un radiocassette manipulado por Thurston Moore, solo en el escenario, desgañitándose en el suelo con el micrófono; una autolesión sonora llevada al límite, necesaria para abrir un portal dimensional y hallar respuestas en las referencias intertextuales del dial. Sólo quedaba reclamar su guitarra y que el ruido guiara al resto de nuevo al escenario. Atacar con Death Valley ’69. Como en una buena serie de televisión. No es pseudociencia, es Sonic Youth.