29 de agosto de 2012

Lo que se dice sobre "E-mails para Roland Emmerich"


[los comentarios, junto a los enlaces a los textos completos, aparecen colgados en la página http://emailspararolandemmerich.tumblr.com]


"Simulacro referencial, sexo degradado, residuos de la era tecnológica y poesía devastada se encuentran remezclados en un primer libro prometedor y diferente."
Vicente Luis Mora, en Diario de lecturas.


"Poemas para un mundo que se viene abajo. Poesía para la toma de conciencia de clase, y no en el sentido marxista: hoy en día nuestra clase es la de los hijos del Apocalipsis. Y está sucediendo ahora. Poesía del después, postpoesía, al cabo. Ya que el mundo es un texto habrá que leer su superficie con los dedos, como en braille, y en un mismo plano mezclar, mientras suena el sampler del Fin, la astronomía, la música pop, el cine soviético, las marcas del consumismo, series de televisión, la vida misma y sus enigmas. Todo. Igual que sucede en la red de redes. Sergi de Diego Mas también sabe que Internet es el último capítulo del libro del Apocalipsis. Hoy."
Raúl Quinto, en Culturamas.


"Un poemario que apunta nuevos libros del autor y nuevos desarrollos. Se mueve a pocos centímetros del suelo, elipsis certeras, hallazgos. Me parece muy bueno este libro."
Agustín Fernández Mallo.


"Un primer libro de poemas impecable. Sergi de Diego Mas sintoniza tanto con su presente histórico y tecnológico como con el reverso de su propia piel."
Jordi Carrión.


"No solamente se trata de traer a colación la idea de catástrofe (“Escribiré un e-mail a Roland / Emmerich porque él sabe de estas cosas.”), de fin de los tiempos, sino de conectarla con un lenguaje simulativo como es el cinematográfico. Una bonita paradoja: el cine como lenguaje capaz de representar la abolición del sentido y a su vez el cine como construcción basada en la contingencia, semillero de la misma catástrofe del sentido. (…) Sergi de Diego Mas escribe sobre las autovías desde carreteras comarcales, posmodernidad y modernidad dándose la mano. ¿Será esta una nueva pista?"
Unai Velasco, en I faked Roger Rabbit.


"E-mails para Roland Emmerich es moderno en su justa definición de diccionario: acorde con el tiempo actual, avanzado en sus características, usos o costumbres."
Jordi Corominas i Julián, en Sigueleyendo.


"De ser otro arte, en lugar de poesía, E-mails para Roland Emmerich sería una exposición fotográfica: una secuencia de instantáneas escogidas con tino."
Arancha Martínez, en Koult.


"Un poemario deslumbrante, donde se solapan el cine, el apocalipsis, los mundos en ruinas y J. G. Ballard, entre otras notables influencias."
José Ángel Barrueco, en Escrito en el viento.


"Un poemario muy audiovisual. Yo diría que multimedia."
Carlos Gámez, en La ansiedad de las cucarachas.


"Este libro es un auténtico manual sobre cómo exprimir la imagen, la búsqueda de un sonido nuevo, un eco posindustrial que define otra manera de escribir poesía."
David Refoyo, en Una ciudad llamada Perdición.


"Y de ese fin del mundo moderno nos habla el autor a través de la metáfora; del aire y del silencio que atraviesa y articula el poemario a base de opuestos que juegan con el lenguaje."
Mario Crespo, en El viento que agita la cebada.


"Voz genuina y poética del ahora."
Sergi Bellver, en Microcríticas literarias en twitter.


"E-mails para Roland Emmerich me ha gustado mucho. Tiene todo lo que me gusta encontrar en un libro de poesía: un ritmo muy bien conseguido (que se mantiene igual en los fragmentos en prosa, algo bastante difícil de conseguir), ganas de transmitir algo (sensaciones en flash de vacío, de frío, de soledad/// imágenes en bucle de ordenadores tirados en la calle, de cristales que se rompen, de playas mutantes ) y ganas de experimentar (...). Vais a leer esto en una pantalla y me alegro. Porque entonces significa que no es real. O que es tan real que ya no podemos distinguirlo."
Layla Martínez, en Vida de perras.


"La habilidad de Sergi es haber mezclado elementos contemporáneos, de uso continuado y en todos los ámbitos sociales, con asuntos universales y de trascendencia en el género humano. La alta y baja cultura. La cultura media, al final, la cultura de todos."
Javier López Menacho, en El espacio relatado.


"Sergi pedalea sin moverse, tiene reflejos de cigüeña y se alimenta de un núcleo muy profundo donde encajan, como un guante, teorías, sistemas cuánticos y abandonos, series de televisión, Terrence Malick, David Lynch, blogs; sostiene cada ruina, como un arquitecto en un quimérico ensanche mental."
Elías Gorostiaga


"Poesía objetual, donde Sergi recurre a lo visual para describrir de manera persuasiva y detallada la realidad, indagando sobre nuestra íntima relación con la tecnología."
Freshland Mag


"Este libro explora los pliegues menos cómodos de nuestra relación con la tecnología."
Fantastic Plastic Magazine


"Llegir el poemari ha estat com fer un tour virtual per Gotham o els LA de Blade Runner. Tecnologia i solitud -es repeteix sovint el terme- en un paisatge urbà que aclapara… Em sembla veure una tensió no resolta entre un afany socialitzador i l’isolament de l’individu. Aquesta fotuda paradoxa de la societat-xarxa que ens connecta i ens exclou a l’hora i que és la gran catàstrofe mai explicada per l’amic Emmerich. I la ciutat, molta ciutat ferida, amb crostes d’asfalt i sang de neó."
Josep Pena.


"Un libro muy bien editado y con un contenido brillante. Para mí es un poema siglo XXI en clave de greguería."
Jesús-Ignacio Torres Baró.

26 de agosto de 2012

‪El tiempo elástico en "Libro", de José Luis Peixoto‬



La prosa elástica de José Luis Peixoto en "Libro" (El Aleph Editores), capaz de congelar el tempo narrativo de la trama o acelerar los acontecimientos en forma de versos hipnóticos y encubiertos, de sentencia. La cesura morosa de cada párrafo hipnotiza, cuesta marchar de ellos. Son párrafos de lectura envolvente, como el de este anochecer mecanografiado en palabras de Peixoto:


El tiempo era casi seguro. Lejos, en el atrio, las campanas iban a tocar. El tiempo era limpio como la brisa que comenzaba. La madre y el hijo no caminaban deprisa, pero se iban acercando. Pasaron por la puerta de la casa de doña Milú, por debajo del balcón desierto. La madre sujetaba dos maletas que no perturbaban su postura. Caminaba recta y seria. Los ojos de la madre, los ojos del hijo. Las imágenes se empañaban quizás a causa del silencio.

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Lejos, en el atrio, las campanas de la iglesia dieron las siete de la tarde. Esa hora se extendió por todo el pueblo. Con seis años, Ilídio sabía de sobra que, en el atrio, el toque de las campanas interrumpía las conversaciones y los pensamientos.

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Detrás de sí, había un muro por el que subía una lagartija y, por detrás de ese muro, estaban las huertas. Todo ello, agua, huertas, cal, se mezclaba con el final de la tarde y se transformaba en una brisa que olía a cielo limpio. Cuando inspiraba, Ilídio sentía una especie de felicidad. Sentía que algo iba a cambiar. Mientras tanto, allí, el canto lejano de las cigarras, las palmas de las manos posadas sobre la cal todavía tibia del sol de la tarde, el agua agua agua.

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En el silencio del espacio inmediatamente a su alrededor, Ilídio seguía esperando. La tarde desaparecía, las formas ya no tenían sombra y, poco a poco, cambiaban de color, se transformaban ellas mismas en sombra.

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Y no era casi de noche, era de noche. Existía aún el recuerdo de la tarde, pero ya era de noche. La campana no había dejado de dar todas las horas. Ilídio amasaba preguntas dentro de sí. Bebió agua. Con el cuello levantado, sentía cómo el agua se le escurría por los lados de la boca y por la barbilla. Era fresca y lo saciaba. ¿Dónde estaría su madre? ¿Por qué no venía a buscarlo?


Como bonus-track, otro fragmento de la novela, ya más avanzada:


Lágrimas, sentimental, fue Josué quien se levantó primero, la silla arrastrándose por detrás de las piernas. Ilídio se levantó inmediatamente, su rostro, material rocoso. Uno de ellos abrió la puerta. La noche era tan grande. ¿Dónde estaba la luna? Las manos de Josué y de Ilídio se tocaron y se separaron. Ilídio avanzó por la calle hasta desaparecer, hasta solo quedar la calle vacía, hasta que la calle también pareció desaparecer. Josué cerró la puerta y la casa se volvió definitiva, ningún fuego sería capaz de calentarla.

24 de agosto de 2012

DESIERTO



En la inconcreción del nómada encuentro una idea que no puede ser mapeada. 

En el desierto todo punto es difuso. 


23 de agosto de 2012

Valente


PARÍS, 9 DE MARZO DE 1983. Claustro

"La poesía no sólo no es comunicación: es, antes que nada o antes, mucho antes de que pueda llegar -si llega- a ser comunicada, incomunicación, cosa para andar en lo oculto, para echar púas de erizo y quedarse en un agujero sin que nadie nos vea, para encontrar un vacío secreto, para adentrarnos en una habitación abandonada cuya puerta se pueda cerrar desde dentro sin que nadie en el exterior sospeche que una puerta se disimula en el muro, y para estarse allí en el claustro materno, seguros y escondidos, sin que nadie aparezca, sin que nadie nos saque a la luz pública, desnudos e indefensos, nos saque y nos suplicie y nos repita la sorda letanía cotidiana, la letanía aciaga de la muerte."


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13 de agosto de 2012

GENTE Y ESPACIO. DIARIO VISUAL DE UN VIAJE A MARRAKECH















3 de agosto de 2012

[Stardust Memories 1]