16 de enero de 2006

Richard Pryor y Gene Wilder: una franja horaria en casa

Hace unos días se nos marchó Richard Pryor, uno de los tíos que más me ha hecho reir. Junto a Gene Wilder, una franja horaria en mi vida. Yo llegaba al mediodía del cole o del instituto. Comía solo en el comedor (una fea pero necesaria costumbre, ya que recostarme en un cómodo sofá es mi única arma contra mis malas digestiones), mientras en la cocina acababan de comer mis padres y mis abuelos.

Los primeros en acompañarme al sofá del comedor eran mi padre y mi yayo. Tres y media o cuatro de la tarde, cada día. Era la hora del café, el mejor café que nunca he visto si lo que querías es dormir (y eso que se servían un vaso grande hasta arriba). Y también era el momento de los animalitos de La 2 y del 33, de Cifras y Letras, de Saber y Ganar, de los partidos de tenis (Roland Garros, Wimbledon o la Davis, con mi abuelo moviéndose más que los tenistas), o de las películas que, con mi padre durmiendo, sólo acabábamos viendo mi yayo y yo, a sabiendas que, por momentos, él caía también en los brazos de Morfeo.

Y de verdad, son pélículas que difícilmente las puedo entender ahora fuera de aquél contexto. Momentos muy especiales: Conán el bárbaro (con acento en la á, como tildaba mi yayo), Conán el destructor, o cualquiera que echáramos de Schwarzenegger, para siempre bautizado con el nombre del cimmerio. O Superdetective en Hollywood, Solo en casa (os juro que ver la media hora final al lado de mi abuelo era absolutamente desternillante), Excalibur, Cheers, El gran héroe americano, El coche fantastíco (sí, con acento en la í), Una cana al aire (qué momento, el de John Ritter saliendo de una sesión de electromasaje, con dolorosos espasmos y tics musculares), Mi amigo el fantasma (un Disney divertidísimo, con Peter Ustinov en el papel de Capitán Barbanegra) y los capítulos grabados detrás de La hora de Bill Cosby ...

Pero los grandes clásicos, las grandes estrellas siempre fueron las películas de Richard Pryor y Gene Wilder. Su juguete preferido o La mujer de rojo nos hacían disfrutar de sus genialidades por separado, pero era sobretodo en la unión de sus locas mentes pensantes, cuando la risa extasiada y contagiosa de mi abuelo daba vida a las mismísimas piedras. Locos de remate (injustamente encarcelados, acaban organizando una fuga en medio de un típico rodeo de búfalos), No me chilles que no te veo y, sobretodo, El expreso de Chicago son más parte de mi vida que otras muchas cosas.

Y es que veo a Gene Wilder enrollándose con la chica de la peli en un vagón, mientras asoma un cadáver en la ventanilla del tren. "¡Jeeesús!" es su histórica expresión, con el más divertido rostro de susto y sorpresa.

Y es que también veo a Richard Pryor apareciendo de la nada, en la parte trasera del coche que Wilder acaba de robar a la Poli, pegándole un susto de muerte al decirle algo así como, "Bueno, ¿y hacia dónde vamos, hermano?". "¡Jeeesús!"

Y es que veo a Gene Wilder cayendo hasta tres veces del mismo tren en marcha, caída a cuál más divertida, y siempre con la misma expresión desesperada en cuanto se encuentra desapeado: "¡Hijo de perra!".

Y es que les veo. Les veo a ellos y veo a mi abuelo disfrutando como un tonto, riendo a carcajada limpia, y haciendo reir a todo aquel que estuviere entonces en casa como si nunca hubiera reído jamás. De verdad, qué risas.

Y bueno, yo quería hablar de Richard Pryor, pero confío en que lo que ha salido, si jamás lo lee, también le haya gustado. A mí me ha hecho llorar. Como entonces, cuando lloraba de risa.

Richard Pryor y Gene Wilder, una franja horaria en nuestras vidas.

10 comentarios:

sergisonic dijo...

El pasado 10 de diciembre de 2005, Richard Pryor fallecía después de luchar durante 16 años contra la esclerosis múltiple. Aun postrado en una silla de ruedas, tuvo la fuerza suficiente para realizar algún cameo estos últimos años, como por ejemplo "Carretera Perdida" de David Lynch. Siempre luchó por que los actores de color también tuvieran la oportunidad de hacer sonreir al resto. Un saludo dónde estés.

Gene Wilder continúa batallando en asociaciones benéficas contra el cáncer, desde que su mujer, Gilda Radner (la recordaréis como la chica "fea", en "La mujer de rojo") falleciera en 1989 afectada por esa enfermedad. Un placer disfrutar esos rizos rubios.

siloam dijo...

joo, que bueno era, y me encanta ese relato de la hora del café.
ni idea de su esclerosis , d.e.p-
ay, en Bcna tb tengo que ir al cine, que aquí no hay cines subtitulados, y me gustan, o fué costumbre.
hasta pronto! :)

Anónimo dijo...

ah, ya tengo las "tetillas", el queso, digo. ;)
keep calm, sony_speedy :)
siloam

manuel h dijo...

cuando me vuelva a encontrar una peli de estas, me acordaré de este post para reírme a gusto.

sergisonic dijo...

que lo disfrutes, y gracias, manuel h.

cines en versión original háylos, siloam: prohibida la entrada a "alientos a quesos"
;)
es broma, en el estatut no dice nada de quesos...

R A U L E dijo...

Lo siento, odio a Pryor y Wilder. Nunca me hicieron maldita la gracia. Lo mismo Dudley Moore y demás morralla. Donde esté Chiquito de la Calzada...

El_crack_del_29 dijo...

no tengo memoria, no recuerdo que hice hoy, apenas como transcurrio mi vida en la infancia

Anónimo dijo...

muacssss, el mar tiene espejuelos, el nostrum, digo.
emma

sergisonic dijo...

sonic nurse
mare nostrum
barcino

siloam dijo...

+ sonic_Morente, wuau
bicos :)