martes 23 de junio de 2009
M. Ward MAD22062009
martes 9 de junio de 2009
Las ovejas
Nos hacen pasear a todos juntos,
no sea que nos perdamos,
como antes, en el colegio, cuando la profesora,
que se llamaba Montserrat y era muy alta,
nos decía con la bata a cuadros
y acento rígido de Lleida
que nos diéramos la mano, que formáramos
en fila de a dos,
como ovejas con sus respectivas
-bien avenidas-.
En la ruta de los peatones paseamos todos juntos
sin darnos las manos sudadas de frenesí;
las manos huelen a ritmo dance,
al baile de las vidas del padre, de la madre, del hijo,
al baile del espíritu santo,
de las portadas de periódico,
de la publicidad eterna en los autobuses,
de las rebajas a la fuerza,
de las colas en el supermercado,
de las cartillas de racionamiento en las manos sudadas diciendo
queremos pan
y un trabajo,
y un techo que alimentar
de buenos deseos y bocadillos vegetales,
un techo que alimentar de billetes verdes.
No nos damos la mano y nadie se pierde en la calle,
porque no se equivocan y nos enseñan la luz,
el camino,
el torrente en el que ha de desembocar un río de sudor.
Somos veinte o veinticinco mil litros de sudor
los que queremos cruzar la calle,
de tienda en tienda.
No se equivocan y nos hablan en señas,
en señales
y en plural,
nos dicen que sigamos la flecha,
todos tenemos el mismo destino,
da igual,
por ahí no podremos cruzar,
no hay antílopes, unicornios
o dragones alados
que nos lleven a lomos.
Necesitaríamos todo un país de autovías
con forma de cebra,
y semáforos rebeldes
para que todos hiciéramos lo que quisiéramos,
y cruzar nuestro propio camino.
Por eso nos ayudan,
para que no saltemos los barrotes
de las calles,
para que las ovejas no salten las vallas,
para que pasturemos hacia el centro,
hacia las rebajas que más pagan,
para que paseemos todos por el mismo torrente,
cuando alguien decida en la oscuridad
de una biblioteca
que la luz del sol asome verde,
aunque sólo sea por unos segundos
que pretenden suficientes para que toda una marea de sudor
cruce el horizonte
de asfalto; las manos entrecruzadas a distancia,
los roces, los empujones, las prisas, el dance, el breakdance,
las vidas
y el semáforo que grita.
Algo huele mal,
por algo se empieza,
por ejemplo por las manos
y por el sudor nervioso
buscando la luz verde del sol
que nos encienden.
martes 19 de mayo de 2009
Calzados VR
martes 21 de abril de 2009
Babel (II)
Los aledaños de la parada del suburbano son los prolegómenos de un todo a cien,
multilingüe,
la fachada del quiosco el rostro improvisado de ofertas,
las medidas perfectas en los teléfonos inventados del INEM:
90-60-90 son los números y los precios,
desfasados,
como los jubilados que no lo son.
Hay más gente en el parque que en las casas,
los niños corren en el jardín de Babel,
las letras florecen,
Usera es la península en la que el dinero tiene la misma cara,
y la borrasca no está en el IBEX 35.
La entelequia es el diccionario
y los diccionarios ya no se venden,
a pesar de los 346 idiomas juntos,
en pateras
y bañeras,
y Jarmusch sigue sin entender por qué es más barato el folk que la MTV y el silencio sigue extiéndose como una plaga.
los títulos de crédito en otro lugar erróneo:
el rock de Ghost Dog es la guerra hablada
en cualquiera de los idiomas posibles.
miércoles 15 de abril de 2009
jueves 12 de marzo de 2009
El circo de Fellini
No caben las paredes dentro de la caja, ni mis biografías en el buzón. Un brote esquizoide lo puede tener cualquiera; Jekyll y Hyde también jugaban a póker con el correo, intercambiando sellos de Marilyn, desnudos, con las cartas sobre la mesa:
hoy trabajo,
hoy no,
hoy Fellini,
hoy no.
En el circo tres más cuatro son ocho y medio, y un brote esquizoide lo puede tener cualquiera, al igual que soñar en pintalabios, leer los parabrisas o acostarse con la silla de Charlie Rivel:
hoy te amo,
hoy no,
hoy Fellini,
hoy no.
Tres más cuatro es el circo, y el payaso un ateo mareado que defiende que el resultado puede ser diferente a mañana, el filósofo que sabe que ocho más tres deja de ser siete el día en que uno nace, y que una vida posible por cada suma es tanta esquizofrenia como poca misa los domingos y San Pedro esperando, sentado:
hoy Fellini,
hoy no.
La diferencia entre hoy y mañana puede ser una
o ninguna.
viernes 27 de febrero de 2009
Cajas de cartón (Going Out West)
No hay nieve en el camino del ave rapaz.
Su soledad es la de un Skywalker con suerte
cruzando la calle cogido de la mano.
Los perros epilépticos de Kerouac escupen tabaco,
y en el parvulario el ruido [la niebla a ladridos]
no deja ver el árbol muerto del fondo de escritorio.
Cada vez hay más canales en los que elegir la verdad:
la combinatoria se practica con el mando a distancia, Lie to me es una canción y los periódicos siguen contando mentiras hasta las doce del mediodía,
en punto,
como las radios tercas y los pasteleros entre rejas,
poniendo cerezas de caramelo al futuro modulado.
1984 son todos los años del dial,
el almanaque de Ahmadineyad su campanar
y Tom Waits el cuasimodo borracho que espera su frecuencia en silencio,
como el mejor blues,
aquel que no necesita salir en cajas tontas de cartón.
El blues es un dolor de barriga impaciente que no sabe cómo sentarse.
sábado 7 de febrero de 2009
Pulp Fiction
No hay teclas en la calculadora que definan el baile.
La multiplicación de π2 por cualquiera de los divisibles del último número entero de este poema define la canción,
libre,
con la que John Travolta concede este baile al mundo.
El mundo es una novela barata en la que Nixon elige a los concursantes
y las matemáticas imperfectas suenan en estéreo al cuadrado.
Cuelga un pendiente del home cinema y entra música fresca
por la ventana abierta de cristal.
Home sweet home.
En el cristal líquido de tu mirada Uma Thurman baila
y la calculadora no tiene suficiente espacio en la pantalla para numerarte.
Uma Thurman baila a nuestro lado.
También salimos en esta película.
viernes 9 de enero de 2009
teoría de la evolución (two silver trees)
No hay enchufes para las guitarras en el desierto;
el milagro es la electricidad y Clint Eastwood enfrentándose a un payaso,
limpio,
como el sol sobre la arena,
mientras Toro Sentado fuma prensa rosa
y el coyote ve la TV.
Poca batería es el 8% con el cable en otra habitación
[servicio post-venta, HP no duerme].
La receta se compra en el quiosco
pero las alkalinas efervescentes no se reciclan: alkalinas efervescentes
y la pintura roja de los indios de sonrisas puestas.
El pincel no es necesario, la película es en blanco y negro
y Darwin escribía en cinemascope [hoy la mecanografía se lee en IMAX].
En el quiosco regalan al oído caramelos con forma de mujer.



