21 de julio de 2011

La poética del eslogan en Odio, un poemario de David Refoyo



metáfora.

(Del lat. metaphŏra, y este del gr. μεταφορά, traslación).

1. f. Ret. Tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita; p. ej., Las perlas del rocío. La primavera de la vida. Refrenar las pasiones.

2. f. Aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión; p. ej., el átomo es un sistema solar en miniatura.

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“Porque, antes de marcharme de forma definitiva, quisiera decirles que el odio es también una fuerza creativa”.

Kiko Amat

1.

Al igual que la publicidad no tuvo pudor en servirse de la poesía para construir mensajes metáforicos y elípticos que pretendían hipnotizar en un sentido mercantil al receptor, David Refoyo y su original y contundente poemario Odio (La Bella Varsovia, 2011) recorre el camino inverso, sirviéndose del eslogan publicitario para profundizar en su particular poética visceral y de confrontación, y sumarse al saludable debate que en los últimos años ha azuzado la llama de la expansión temática y formal en la poesía española, en el que se abrazan corrientes estéticas poco o nada transitadas durante un largo período de tiempo, despectivamente apartadas de la consideración crítica y artística. Ciencias, filosofía, tecnología, sociología, televisión o publicidad no pueden ser obviadas en la formulación de la ética y poética en la literatura española, como ha defendido Vicente Luis Mora en su conceptualización de lo que ha dado en denominar literatura pangeica (de un cuerpo teórico más amplio que la deriva postpoética formulada por Agustín Fernández Mallo, no obstante complementaria), desarrollada en su obra ensayística Singularidades (Bartleby, 2006) y La luz nueva (Berenice, 2007). Recuperando las palabras del publicista Toni Segarra (Desde el otro lado del escaparate; Espasa, 2009), “Trabajo en publicidad: colaboro en la construcción de breves momentos de la extraña conversación que desde hace décadas mantienen las marcas con los consumidores, con todos nosotros. Creo fragmentos”. Un excelente paralelismo con el oficio de escribir (construir) poesía. Las artes no están tan lejos.

2.

En Odio el autor no huye de la tradición, sino que reformula la forma de expresión de la reivindicación y protesta. Y si la publicidad se apropió de la poesía, es ahora ésta la que se apropia del eslogan, la deformación poética y profesional del autor facilita y provoca la simbiosis. En este sentido, la publicidad moderna y el arte poético beben de un mismo objetivo: trasladar al público un mensaje. Y es que no encontraremos muchas diferencias entre el texto subliminal implícito en el eslogan, entre una figura retórica tan apasionante y misteriosa como la elipsis, o la eterna construcción de una metáfora. ¿O no es acaso poesía el brainstorming publicitario de los años 60 que tan fielmente recrea, por ejemplo, la serie de AMC Mad Men? David Refoyo utiliza códigos creados por y para la publicidad, dándoles la vuelta, y creando un discurso poético a partir de ellos. El eslogan mercantilizó el verso, y ahora el verso poetiza al eslogan: “Just do it” (Nike), “¿Te gusta conducir?” (BMW) o “No es televisión, es HBO” (HBO) son claros ejemplos de que la creatividad se expande inexorablemente a través de un nuevo sistema productivo también literario que da un exponencial valor añadido al producto final. Como en los ejemplos citados en la definición de metáfora que realiza la RAE (“las perlas del rocío” oLa primavera de la vida”), los versos publicitarios de Refoyo permiten reflexionar sobre la trascendencia alcanzada, no ya solamente de la propia idea poética (que ya es, per se, universal, perenne e intrínseca a todo cuanto es y existe), sino también sobre el potencial salto adaptativo del código simbólico en el que aquella se asienta. Porque si en la metáfora el significado es universal, con la misma contundencia podemos añadir que su significante ha de ser (más si cabe en pleno siglo 21) evolutivo, cambiante y sin límites, concentrado en asignar una utilidad marginal creciente a todas aquellas fuentes potencialmente artísticas de diferentes ámbitos de nuestra sociedad contemporánea que precisamente si por algo se caracteriza hoy es por su naturaleza gaseosa.

3.

Así, el autor nos traslada en un viaje desde las entrañas de lo intangible para abofetearnos a base de versos de cruda y nada complaciente realidad. Porque el odio, en palabras de Kiko Amat, “es también una fuerza creativa” (Mil Violines, Mondadori; 2011). Narraciones poéticas que nacen de aparentes mensajes utópicos y positivistas, para acabar mostrando con virulencia la contaminada sinrazón terrenal que respiramos, mediante una prosa poética fragmentada y cortante, repleta de sucesiones de sintagmas nominales que deconstruyen el gran sueño de occidente (no en vano las secciones del poemario son un listado de productos, quizás en un índice demasiado ordenado que puede disminuir la sorpresa-), que se contraponen a la felicidad inexistente y mercantilizada (“sinceramente,/ a todos nos gusta vivir bien”, p. 18): la violencia está presente en las calles, en las empresas, en las mentiras del corte publicitario (“recuérdalo/ nuestro producto no existe, pero lo deseas”, p. 23), en las familias, en el sexo (“venga, cariño, puedes seguir soñando/ pórtate bien/ silencio// Placer adulto”, p. 37), en el genocidio político de la cultura (“y ahora nos gobiernan esos débiles/ que enviaron a Nietzsche/ y a su séquito de drogadictos/ artistas/ bohemios/ inquietos/ a malvivir a las afueras/ condenados al hambre”, p. 50).

El trabajo de Refoyo perfila con nuevos pinceles un tratamiento hiperrealista de la poesía, un nuevo sistema productivo de metáforas, que hace mutar el producto artesanal. El nuevo realismo también es realismo. Siguiendo la cita de Vicente Luis Mora en Singularidades, “Si, como escribía John Cage en Silence: “el arte cambia porque las ciencias cambian”, ¿qué clase de avance artístico pueden proponer unos poetas anacrónicos que ignoran no sólo sus cambios, sino sus estados primordiales?”. Odio mira hacia el presente sin olvidar el retrovisor ni su inverso. Poesía en la publicidad, publicidad en la poesía. La irrupción de la vida total en poesía sólo puede hacer de ella un arte aún más verdadero.

Sergi de Diego Mas