20 de agosto de 2015

Simetrías [18]: rectángulo vacío



No encuentro ideas simétricas y me estrujo la mente. Busco en el Diario de la beca de Levrero la entrada del 18 de agosto de 2000, que debí leer hace ya unos días. Esta noche he soñado, como la anterior. Recuerdo que he soñado, aunque no recuerdo el sueño más que vagamente. Hay una piscina dentro de uno de los edificios industriales situados frente a mi colegio de primaria. Dos personas que no conozco están discutiendo, llegan a las manos. Estoy con David, ahora dentro del edificio, ahora fuera. Nos dirigimos hacia la playa, pero no a bañarnos, eso es seguro. Hay algo, un destino, una meta en esa zona costanera del barrio. Quizás un concierto, pero no lo recuerdo (una constante). Las dos personas que discuten también están, de repente, en la calle. No siguen nuestro camino. Elegimos, por si acaso, una ruta no coincidente. No recuerdo más. Busco, como decía, la entrada de Levrero en su diario para el 18 de agosto y me doy cuenta que no hay entrada en ese día. Me sorprende, pues las directrices del novelista eran escribir al menos una vez al día, cosa que (corroboro) sí había sucedido hasta este momento. Mi lectura de este fragmentario diario notarial ha pasado por alto este vacío en el calendario. ¿Una lectura demasiado lineal? Me fijo en el espacio en blanco existente en la página entre las entradas del 17 y del 19 de agosto, un blanco amarillento, manchado por el paso del tiempo. Ese rectángulo es la superficie que mide un vacío, un silencio que ahora se aparece tan cotidiano como cualquier otro acontecimiento. Incluso más, pienso aún en la cama. Busco en las fotografías de mi móvil las entradas del 18 de agosto. Veo una fotografía del local social del club de rugby de mi barrio. Recuerdo que la tomé en un momento muy cercano al día 17, volviendo de cenar y tomar unas copas con Esteban y con David, que precisamente aparecía en el sueño. También está la imagen psicodélica de un horizonte de sucesos, que seguramente guardé para enviar a alguien, o para observar hipnóticamente en días de quietud. A su lado encuentro la misma superficie de silencio que en el diario de Levrero, la misma medida, el mismo polígono irregular, blanco, vacío solo en apariencia.