22 de agosto de 2006

Granitos de arena

A esa hora sólo se escuchaba la luz de las farolas encendidas. Cerré el portón y apoyé mi rostro en él, acariciando mis manos su madera desgastada. Bajé la mirada, y a través del alboroto de mis cabellos negros, pude ver en la escalinata unos granitos de arena de playa que me observaban, sin saber si me decían hola o adiós. Mientras tanto, escuchaba sus pasos alejarse: primero descalzos, luego en sandalias.


6 comentarios:

manuel h dijo...

La verdad es que me he quedado en la primera frase. Lo demás creo que está bien, pero la primera acojona: creo que las farolas encendidas sólo suenan cuando nadie las quiere oir. Una poética imagen de soledad extrema.

Esther dijo...

Cierto que todo tiene vida...

R A U L E dijo...

¿El verano que se nos va?...
Un abrazo, poeta sónico.

Empiezo a entender dijo...

;-)

Zifnab dijo...

A lo mejor era cosa de seguirlos

Como el camino de las baldosas amarillas

Se feliz

Brisa dijo...

He podido sentirte sergi... y escuchar esas mismas farolas..

Besitos