8 de octubre de 2006

El jardinero

Se despertó como cada mañana, aunque cada día lo hacía un poco más cansado. El paso del tiempo tiene estas cosas. Se duchó, y mientras se embutía en su traje verde con el escudo de la ciudad grabado en la manga izquierda pensó: "Hoy me acercaré hasta el Jardín de las cuatro esquinas, recortaré un poco el césped, podaré las ramas secas de aquel olivo solitario y acariciaré las flores, que allí no me verá nadie". Ya no recordaba su edad, de tantos años que tenía, pero sí recordaba con humor el día que el Ayuntamiento le dedicó una recepción, el día que el alcalde le dio una medalla y un diploma con su nombre. Cogió la bolsa de herramientas, y salió por la puerta. Sus árboles, que ya tenían ganas de charla, le esperaban.



Remembrance of a Garden, de Paul Klee


15 comentarios:

Eulalia dijo...

A veces la jubilación es una muerte en vida; a veces, sin embargo, es una puerta a todo aquello que no has podido hacer antes, o para entrar voluntariamente en un mundo que siempre ha sido obligatorio.
Ser testigo y víctima del paso del tiempo es una victoria.
Un beso.

Cristina Crisol dijo...

Voy a regar mis plantitas... Gracias por recordármelo.

manuel h dijo...

precioso relato
Yo voy buscándome un jardín, aunque no sea jardinero, para cuando lo necesite.

Mari dijo...

que lindo post...
volver
( y veo que tenemos los mismos gustos musicales)

ybris dijo...

No está mal despertar con el pensamiento puesto en algo que hacer:
Cuidar las plantas, escribir, mirar...
La vida, en realidad, no nos pide mucho más que un poco de dedicación.

Abrazos

Esther dijo...

¿porqué no quería que le viera nadie? a mi me hubiera parecido entrañable.

Zifnab dijo...

En las Olas la Woolf decí que los jardineros que ella vió en su infancia siempre seguían limpiando las hojas porque no es había vuelto a ver y nada había cambiado

No tiene mucho que ver, pero me ha recordado

Se feliz

sergisonic dijo...

Tienes toda la razón, Eulalia: y es entonces cuando el paso del tiempo es un regalo. Un placer leerte.
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Dales recuerdos de mi parte, Cristina. Voy a regar las mías (dos).
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Dime cuál es, y haré una visita en cuanto pueda, Manuel. Seguro que serrá un jardín especial.
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Gracias Mari. Veo que tendrás mucho que contarme sobre música y New York. Biennn
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No. No está nada mal, Ybris. La vida nos pide dedicación: prestémosle atención. Un abrazo.
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Yo le veo cada mañana, esther. Creo que no se esconde de nosotros, sino de los jardineros "oficiales". Virguerías, las que hace con el cuadrante de los parques: todo un pirata entrañable. Un beso.
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Cuando salgo de casa no hay nadie trabajando en los parques que rodean mi manzana. Cuando vuelvo noto que han estado, aunque no les haya visto. También a mí me ha pasado, zifnab. Un abrazo feliz.

el santo job dijo...

que bonito
espero encontrar mi jardincito algun día.
Es curioso lo poco que nos damos cuenta de lo mucho que deben trabajar los jardineros y lo poco que se aprecia su trabajo, ¿no crees?
Un abrazo!

Maryna dijo...

Dos cosas:

1. Entrañable
2. Hilo de tristeza

Un besote :)

R A U L E dijo...

La tristeza del cuento estriba en que el adorable anciano nunca quiso realmente una puta medalla del alcalde, y mucho menos acabar hablando con los árboles.
Un abrazo, camarada.

sergisonic dijo...

abre los ojos, que igual ya has visto tu jardincito, santo. ser jardinero en una gran ciudad, además, ha de ser curioso. un abrazo!
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maryna y raule, sí habéis notado ese ligero pero amargo sabor. aunque nunca tuvimos que haber dejado de escuchar a los árboles.
un beso a los dos

Angus Scrimm dijo...

Tengo una amiga que hace unos meses me recomendó que abrazara a los árboles, "que sienta bien" me dijo, y yo no sólo lo hago como costumbre, sino que se lo recomiendo a todo el mundo.

Un saludo.

dulcinea dijo...

Me gusta este jardincito de cuatro esquinas...da buen rollito ¿no?

yO ES QUe...pasaba por aquí y...bueno..he metido las narices y en fin...debo deir que si no es molestia me volveré a pasar para ver como van las flores del jardincito. ¿val?

najwa dijo...

Siempre me ha encantado esa profesión...
¿Llegó a vivir en el mundo por esas caricias y esas ramas?
Salut, Sergi... Un petó