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19 de enero de 2013

"Amour", de Michael Haneke





La batalla del intelecto contra la descomposición de la materia.

Cuerpo y hogar: prisión, cadena, frontera infranqueable.

El interludio como salto en la enfermedad:

Anne toca el piano en el recuerdo de Georges;

Los cuadros -esos cuadros- en silencio, únicos testigos de un amor multiforme, ciego, apasionado, egoísta, violento, sincero. 

Una topología del amor.

La última conversación siempre lúcida: la lucidez de una vida en palabras mal pronunciadas.

La condición real de lo matérico, la casa vacía.

La oscuridad se sugiere.

Y los cuadros,

esos cuadros.















24 de septiembre de 2012

2013, de Lucía Muñoz Molina (Honolulu Books)




"La revolución será con calentadores o no será."
Lucía Muñoz Molina


"2013" de Lucía Muñoz Molina es la tercera referencia en el catálogo de Honolulu Books, un texto clásicamente orwelliano que centra y utiliza como excusa e hilo narrativo el mundillo fashion y trendy que la autora (Filósofa frívola en la blogosfera) tan bien conoce. Nos encontramos en la España de 2013 y una revolución popular ha girado los ejes sistémicos dominantes. Una revolución popular que es reflejo o mímesis del movimiento 15M, narrada desde la comicidad desenfadada, con sarcasmo crítico y autocrítico (no se pierdan los tuisteos reproducidos en la parte final), que quiere jugar la misma liga que ya jugaron años atrás los grandes héroes de la Factoría Bruguera, Ibáñez, Vázquez y cia., o el mismo cine de Berlanga, cronistas lacerantes de la ridiculez de un país que se siente más guapo al comprarse un abrigo nuevo. Es "2013" una distopía de hiperrealidad, repleta de salivazos de actualidad diaria (el Consejo de Ministros como despertador de la siesta en un viernes cualquiera) que tiene como único espacio narrativo un gulag para egobloggers expertas en moda, un Curso del 73 en el año 2013, en el que se tratará de reeducar al fascismo silencioso y superficial, al pijerío y consumismo que ha domesticado el carácter de aquellos aterrados por la llegada del nuevo modelo político. El desparpajo incorregible de la autora tanto en lo formal (con el uso de coloquialismos, neologismos y tecnicismos fashion, o divertidos juegos con nombres de personajes -que no personas- reales) como en la escenografía (descacharrante la del aumento de peso de los perroflautas para agotar y desbordar a las fuerzas del orden) no desvía la atención, sino que la centra: de las ideas nace el texto, y aquí el texto quiere ser la idea.


Puedes adquirir el libro AQUÍ.


8 de julio de 2012

Contracrónica del Primavera Sound 2012 + Reseña de "Pacas Go Downtown", de Frida Laponia, para Indiespot



En Indiespot, dos artículos:




9 de junio de 2012

La marea sónica de Lee Ranaldo (Between the Times and the Tides, Matador, 2012)


Lee Ranaldo, Between the Times and the Tides (Matador records; 2012) 
Reseña para Indiespot. Léela AQUÍ.




14 de febrero de 2012

El spoiler dentro del film. "Melancholia" vs. "La bruja novata" como posible fin del mundo.



22.15 TV3 / Drama sci-fi *****
Melancholia
Melancholia (2011) DIRECTOR: Lars von Trier ACTORES: Kirsten Dunst, Charlotte Gainsbourg, Kiefer Sutherland PAÍS: Dinamarca/Suecia/Alemania; 136 min. Color




22.15 CUATRO / Animación *****
La bruja novata
Bedknovs and Broomsticks (1971) DIRECTOR: Robert Stevenson ACTORES: Angela Lansbury, David Tomlinson, Roddy McDowall PAÍS: EEUU, 99 min. Color (Technicolor)



29 de enero de 2012

¡Más tijeras! Apuntes rápidos sobre Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres



David Fincher es lo mejor de Millenium: Los hombres que no amaban las mujeres, pero sólo hasta donde puede, es decir, sólo si nos fijamos en los majestuosos títulos de crédito (nuevamente excelente la banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross) y en la austera y profunda factura expresionista del film, tanto en el diseño de tomas interiores, asfixiantes y asépticas por igual, como en los magníficos exteriores nórdicos que acrecentan la sensación de inquietante soledad bajo cero del cronista. Los castigados e impertérritos rostros de Daniel Craig y Rooney Mara, notables en su interpretación, complementan a la perfección el tono de un metraje de bella y gélida plasticidad.

Por otro lado no goza de igual fortuna el elenco de personajes secundarios, de número demasiado elevado para el desdibujado e insuficiente papel (meras casillas de Cluedo) que se les reserva. Los hombres que no amaban... es una película que no consigue (quizás tampoco lo pretendía) recobrar el pulso coral del maestro Robert Altman en Gosford Park, algo que hubiera redimensionado una historia disfrazada de modernidades que no debiera renegar de sus costuras eminentemente clásicas.

El drama familiar desfallece en esta ocasión (no como ocurría en Zodiac) ante el aparato formal de un thriller (intriga detectivesca, psicopatías, venganzas y personajes atormentados...) que no es la excusa sino el motor de una trama que, aunque reposada y fragmentada al principio (en un ritmo similar al de las películas sumariales de pregunta/respuesta) se equivoca intentando equiparar dos hilos argumentales que no avanzan en paralelo (especialmente erróneo es el anticlímax de la media hora final en la que se resuelve una trama empresarial que ya a nadie interesaba).

Si esperaba algo de Fincher es que narrara la tragedia griega de un clan familiar viciado, ambiguo y siempre sospechoso, lo que hubiera alimentado la acostumbrada y paciente teatralidad con la que el genial director adorna sus relatos. Pero éste se encontraba maniatado por el resto de una historia que trata de explicar demasiadas cosas.

Hacían falta más tijeras, más espacio para Fincher.

14 de enero de 2012

La verosimilitud de lo real. José Luis Guerín y Jonas Mekas. Correspondencias fílmicas


//STAGE 2.1
José Luis Guerín - Jonas Mekas

Utilizar el diálogo fílmico como soporte formal del intercambio, de la correspondencia íntima hecha pública entre dos individuos, amplía el horizonte sensorial al cual nos vemos abocados en esta hermosa primera parada de la exposición del CCCB en Barcelona, "Todas las cartas. Correspondencias fílmicas". Al igual que cuando el autor de una misiva se apropia de la pluma (permítanme la licencia anacrónica) y embiste sobre el papel en blanco las características morfológicas innatas e irrenunciablemente naturales de su caligrafía, las cartas fílmicas rodadas por Jonas Mekas y José Luis Guerín llevan adheridas la impronta, el código genético de su filmografía. Este abordaje a la intimidad de ambos cineastas permite concluir de forma satisfactoria y emocionante, certificando a la manera de un grafólogo, que para ambos modus operandi y modus vivendi son, en verdad, uno, y no mero artefacto estético (el primero) o de hipocresía (el segundo). Como afirma el escritor y crítico Jordi Carrión, "la muestra se convierte en un ejemplo rotundo de la extimidad: hacer públicos el hogar, la amistad, los miedos, las obsesiones, la familia". 

El acto siempre pornográfico que resulta abrir públicamente la correspondencia al ahora lectoespectador (en el término acuñado por Vicente Luis Mora en su reciente ensayo, editado por Seix Barral) permite no sólo aproximarse, sino realmente descubrir desde las tiernas excentridades protagonizadas por Jonas Mekas -no tengo la menor duda de que Jim Jarmusch pensó más de una vez en la persona del cineasta lituano para perfilar muchos de los personajes nómadas que pueblan su filmografía-, quien aparece cantando, hablando, editando, pero también abrumado por la vida (tembloroso monólogo filmado de madrugada tras revisitar la historia del siglo XX en Polonia y Eslovaquia) o los balbuceos iniciales en las cartas firmadas por un José Luis Guerín, reverencialmente admirador del cineasta lituano. No es estética, sino un acto humano y personal (con todo lo estético que de por sí conlleva). Y ésa es la clave: fragmentos de realidad que han de conformar la verdadera historia. Como defiende Mekas en una de las cartas, "la vida no es una actitud: la vida es la realidad". La verosimilitud atrapada sin filtros en una cámara: la nieve en los tejados, oficinistas trabajando en ventanas de edificios en Japón, hormigas transportando comida trepando muros imposibles, la muerte narrada ex-ante (sin palabras me dejaron las emocionantes imágenes de Guerín sobre Nika Bohinc,  joven crítica eslovena asesinada junto a su pareja en Manila, filmadas con improvisada naturalidad poco antes del triste suceso) y ex-post (la visita de Mekas a un cementerio en Cracovia). 

Sea la correspondencia del zar, los correos electrónicos o estas cartas filmadas. Sea también la amistad, las relaciones establecidas en redes sociales o la "frienship cinema", como brillantemente denomina Mekas a la relación establecida con Guerín, en el diálogo cruzado más que en el soliloquio obtendremos una excelente radiografía de nuestra historia, necesariamente incompleta, pero perfecta y sincera: la historia escrita diariamente en la incompleta e incomparable verosimilitud de la comunicación entre individuos. En la información existente entre la estampa de un sello y otro, en el transcurso del rodaje de un fotograma al siguiente.

***

ENLACES CRUZADOS

- Conversación entre Jonas Mekas y José Luis Guerín en el CCCB.

- Seis apuntes sobre epistolaridad e imagen (artículo de Jordi Carrión, Letras Libres enero 2012)
- Vindicación de la pantpágina (artículo de Vicente Luis Mora)

- Godspeed you! black emperor (clip de "They don't sleep you anymore on the beach", voz en off que no pude quitarme de la cabeza mientras escuchaba a Jonas Mekas)
- Trailer de Night on Earth (Jim Jarmusch).
- Sonic Youth; actuación filmada por Jonas Mekas para la Anthology of American Music Folk.

- Jonas Mekas (web personal)
- José Luis Guerín (web CCCB)

12 de enero de 2012

Contrastes: las nuevas formas visuales de la guerra (Capa, Chim, Taro, HBO, Youtube)

1.


La maleta mexicana: el redescubrimiento de los negativos de la Guerra Civil española de Capa, "Chim" y Taro. 

Generation Kill

2.
Spanish civil war.


3.

Spanish civil war.


17 de noviembre de 2011

Wilco live, Palau de la Música (Barcelona 02/11/2011)


Crónica para Indiespot 
del concierto de Wilco en Barcelona aquí. 



7 de noviembre de 2011

Lee Ranaldo "Noise Recitation: Against Refusing" (Barcelona International Poetry Festival 15/05/2011)




Virreina Palace in Barcelona was the perfect setting for "Noise Recitation: Against Refusing", last Lee Ranaldo's poetic performance, inside the events of Barcelona International Poetry  Festival (year after year, more advanced and more multimedia), that expanded the audience eyes and radars. This literary experiment from the Sonic Youth member creates poetry from the search of images and pills on short syntagmas received from daily spam e-mail: "Hellofrom American Desert” (Water Row Books, 2007, with illustrations by Meat Puppets’ Curt Kirkwood) or the recent "Against Refusing" (Water Row Books, 2010, with illustrations by Leah Singer) involve strange bedfellows on paper: the union of virtual and robotic creation versus authorship creation, abstract electronic material destined to swell the recycle bin but now a high-priced item on the website of the publisher... Lee Ranaldo’s proposal is focused on dadá and beat lyrical discourse, a free disposal of ideas that especially emphasize the importance of the creative process, nothing strange, of course, to his irreverent intellect. This is precisely the best claim for translating the concept to the stage. In his suspended guitar session in Barcelona (Lee Ranaldo, Steve Shelley and Enrique Morente made a similar session for the Sonic Youth Etc.: Sensational Fix exhibition last yearat CA2M in Móstoles, Madrid), Ranaldo accompanied his atonal and noisy verses with the surreal images from the french underground filmmaker Pierre Clémenti. Lee Ranaldo hatched in an escapist's fifty minute interval, where text and feedback, distortion and performance merged into a stimulating visual poem between the musician and his independent and floating guitar, sealed and stamped with a word ("organometallic"), which would have delighted the great catalan visual poet, Joan Brossa. Mysteriously exciting.


(c) second picture from LR and video: barcelona + poesia

"Noise Recitation: Against Refusing"; a visual and audio poem from Lee Ranaldo



Contemplating suspended time. The audio moment between you and me. From yesterday to tomorrow. Stridency -- No stridency. The only roughness is your silence. Guitar, words and human fusion. In tangent dances "organometallic" is an expanded joke from a mp3, and "groove" just a synonym for. A prophetic baptism in an exhaust pipe. 
∞
Poem inspired by Lee Ranaldo "Noise Recitation: Against Refusing"; Festival Internacional de Poesía de BCN, 15/05/2011; 

8 de octubre de 2011

De la democratización de lo repugnante a la democratización de la belleza. Asco, una novela de José Ángel Barrueco




La excusa para Asco (Editorial Eutelequia), la ya penúltima novela del escritor zamorano José Ángel Barrueco, nace en el crucero que una familia realiza por el Mediterráneo, casualmente en el mismo barco, el Zenith, en el que el desaparecido escritor David Foster Wallace tejió su famosa crónica Algo supuestamente divertido que nunca jamás volveré a hacer. Como ésta, Asco es un homenaje a las posibilidades literarias de la no ficción. A pesar del maltrato sufrido y las dudas lanzadas sobre el género, la coexistencia absolutamente literaria de crónica, diario de viaje, crítica social y autobiografía, la ecléctica obra de Barrueco demuestra como la no ficción puede y ha de ser literatura.

Ya de inicio el autor suspende el transcurso del tiempo para poder diseccionar en canal el espacio que le rodea, algo así como una escena congelada de la película Matrix en la que el autor, mediante un barrido visual y emocional comparte lo que ve y vive, pero también lo que siente. Una narratividad casi en tiempo real, meticulosa y precisa, hilvanada, lineal y continua, que dribla la posible sensación de que el viaje para el autor, ya ha acabado. Y eso lo logra bien pronto, con la preciosa y bordada frase que abre la novela:

En el océano es necesario desprenderse del pasado e ignorar el futuro y asumir un presente sin incógnitas ni suposiciones. (pág. 13)

El crucero es un instante detenido de una semana en el que el autor pasa revista a todo un travelling de circunstancias en forma de grotescos eventos organizados en el crucero (concurso de piernas sexys, bailes bufos, cócteles organizados con el capitán...) pero también un travelling de personajes, como el servicial camarero chileno, los tres estrambóticos personajes bautizados como el Friki, el Gañán o Tiñoso (referencia al famoso personaje de la serie de animación Érase una vez el hombre) y Edaddepiédrix, y otros personajes totalmente anónimos, cartón piedra en el gran circo ambulante en el que se convierte el crucero. Todos ellos casi tan anónimos o circunstanciales como los acompañantes del narrador, excepción hecha de su pareja, M. -con la que el primer y único beso -narrado- no aparece hasta la página 114- y de otro personaje, protagonista tapado, que me reservo comentar más adelante. Estos acompañantes son presencias percibidas como música de acompañamiento en la soledad del narrador, una forma de abstracción en primera persona absolutamente necesaria para trasladar la sucesión de escenas al lector.
           
Un segundo nivel de lectura en Asco es el de la democratización del turismo,  una tendencia ya extendida durante el siglo XX y plenamente desatada en pleno siglo XXI, en el que todos hemos pasado de ser turistas potenciales a ser turistas de facto. Como muy bien explican autores como Jorge Carrión, tanto los viajeros, como los estudiantes de erasmus o de doctorados, o las propias personas que “habitan” la ciudad son todos turistas.

La democratización del turismo, aunque interesante y atractiva, también es peligrosa, como muestra Asco, ya que es configurada y entendida desde el sistema económico y político dominante como una democratización meramente mercantilista del movimiento de las personas. El potencial poder aglutinador del turismo es malévolamente interpretado y modulado por las instituciones públicas (el turismo como política -Ministerios de turismo-) y las instituciones privadas (que observan el turismo como mero negocio, una cuenta de beneficios y pérdidas, de números verdes y rojos).

La democratización del concepto se muestra en que a pesar de que en el caso de Foster Wallace se trataba de un crucero por el Caribe lleno de americanos, y en el de Asco un crucero por el Mediterráneo lleno de españoles, tanto Barrueco como David Foster Wallace describen situaciones equivalentes.:

Mientras esperábamos, vi a algunos señores haciendo fotos de la fruta o grabando imágenes de las bandejas rebosantes de mangos y de melones. Joder, qué triste, pensé, esta gente es capaz de hacerle fotos incluso a las boñigas. Volvamos a David Foster Wallace, porque él vio lo mismo, lo que indica que la actitud de la masa es idéntica, da igual la procedencia o el tiempo:
“Casi todo el mundo a bordo del Nadir sufre la locura de las cámaras, pero el Capitán Vídeo lo graba absolutamente todo, incluyendo las comidas, los pasillos vacíos, las partidas interminables de bridge geriátrico, e incluso se sube al escenario de la cubierta 11 durante las fiestas en las piscinas para grabar al público desde la perspectiva de los músicos.” (pág. 111)

Con el desplazamiento de las personas se desplaza también su ética, su moral, los valores de los que se alimentan; es decir, todo lo bueno y todo lo malo. El sistema corrompe una herramienta, el turismo, convirtiéndolo en mero teatro de consumo, sin querer asumir las interesantes complejidades de lo que, redefinido, podría significar un paso evolutivo en la clásica tensión entre lo global y lo local, cada vez más difuminada.

De forma irreverente Asco acusa, muestra la universalización de lo repugnante, de lo irrespetuoso, lo cual nos lleva a un siguiente nivel de lectura: la virulenta crisis de valores en la que la sociedad está inmersa, antes (y quizás origen) de la crisis económica mundial. Las situaciones repulsivas descritas por el autor y las críticas que sobre ellas vierte son un homenaje rendido a la cultura, al respeto y a la educación, poniendo el acento en una crisis de valores, una crisis “de las personas”, genialmente ejemplificada en el concepto tan denostado en el libro: el “Todo incluido” resume a la perfección el engaño con el que la compañía engatusa al iluso cliente-consumista-viajero, una gratuidad inexistente (el viaje está pagado con creces) y que simplemente intenta emborrachar de sentimientos voraces que atolondren las conciencias de las personas a través de la gula, del egoísmo, de la obsesión por las apariencias, escondiendo a sus ojos la, entre comillas, bonita realidad. No ocurre así con el narrador, quien al contrario, la certifica. Veamos un ejemplo de actualidad urgente, en la visita de los personajes a Grecia:

Lo que vi por el ventanal certifica que Grecia no atraviesa su mejor momento: casas derruidas, muros desmigados y viejos o carcomidos por el óxido y la corrosión de la intemperie, individuos sin afeitar, calles y barrios en los que uno jamás se aventuraría, la clase de bocas de lobo que uno procura evitar o ante las que daríamos media vuelta, buscando rincones más confortables y menos sucios y más seguros y menos degradados. Calles sórdidas, como si estuvieran podridas, ante cuya vista uno sólo puede pensar que, de adentrarse por allí, alguien le pondrá una navaja en el cuello para robarle la cartera. (pág. 24)

La ciudad ha de estar presente en el turista del siglo XXI desde un punto de vista crítico, inmerso en una realidad global y local de la cual todos hemos de sentirnos partícipes. Y Barrueco, activista literario, lo borda, tanto en el crucero como fuera de él: este pasado martes, a las 15.11 h., escribía en su página personal de Facebook lo siguiente:

Estamos intentando que pongan una rampa en nuestro portal para facilitar el tránsito de coches de bebé y sillas de ruedas (por suerte, de las segundas no hay en el edificio) y sortear los 4 escalones. Dos de los argumentos que esgrime la presidenta de la comunidad para pasar del tema: "Bueno, al fin y al cabo el cochecito no pesa tanto" y "Anda, ¿y en el Metro, cómo hace la gente cuando no hay rampas?". El problema no es si pesa o no pesa; es que una sola persona no puede hacerlo. Mentalidad propia de este país repleto de barreras arquitectónicas. Así nos va. Acojonante.

Aprovechando la reciente presentación de Asco en Barcelona, en Pequod Llibres, junto al también escritor Francesco Spinoglio, en una de las conversaciones surgió la misma problemática del cochecito: paseando por Madrid, explicaba José Ángel, el transeúnte que comparte el espacio público (una acera, el metro, etc.) con él, no facilita el paso. La indignación en Barrueco no es sólo artefacto literario, sino que es conciencia convencida y visceral.

Precisamente relacionado con el cochecito, introduzco ahora al que me parece el otro de los personajes protagonistas de Asco, un protagonista “tapado” si se me permite: el bebé, el hijo de dos de los acompañantes del narrador durante el crucero. Y digo “tapado” porque aunque con estilo y de puntillas, de forma tangencial, son continuas las referencias del autor a la presencia del bebé durante el viaje, a sus sonrisas, a la manera en que los integrantes disfrutan de su compañía... Un personaje que contundentemente abrirá el espectro de posibilidades al final de la novela (Asco es la primera parte de una trilogía a la que seguirán Angustia y Alumbramiento), en una última frase que dejo silenciada para el lector.

Son innumerables las referencias críticas a las antipatías mostradas por ciertas personas hacia el bebé, molestas. Extraña ver a adultos practicar juegos infantiles, hacer el tonto con bailes absurdos y desvergonzados, para luego mostrar ausencia de cariño y empatía hacia el niño. Si a ello le añadimos la gula, la necesidad de crecer en la apariencia y la abundancia, una falta de cultura alarmante, el autor tiene unos cuantos pecados capitales con los que volver a rodar Seven. Su visceral y frontal ataque lo afronta de forma constructiva, en un claro homenaje a la cultura: la intertextualidad como motor creativo de la novela, con continuas y nada escondidas citas a escritores (Bolaño, Scarpa, Pahlaniuk, Thomas Bernhard -especial homenaje a su narrativa-, Hemingway, Schopenhauer y claro está Foster Wallace) y a películas (Tiburón, Red de mentiras, Todos dicen I love you...) que marcan al narrador/autor, a su obra y persona. Citas que de forma embriagadora, sobre todo en los excelentes capítulos dedicados a la estancia en Venecia, constituyen una joya literaria en forma de sampleado continuo de fragmentos del libro de Tiziano Escarpa Venecia es un pez. Una guía, donde el autor hace del intertexto, de la cita, escritura real, apropiándose de ella e incrustándola en la página como quien inserta un vídeo youtube en un blog, de forma absolutamente natural y fluida. Homenajeando a la cultura, a sus maestros y autores de cabecera, Barrueco construye literatura de alto nivel:

No hay coches en Venecia y eso me gusta.
Hay tráfico marítimo en Venecia y eso me gusta.
Recorre uno los callejones de Venecia y pasa bajo sus puentes igual que si estuviera explotando una ciudad sometida a huracanes e inundaciones y eso me gusta. La entrada a la ciudad es un lío de barcas y de lanchas, un delirio de motores y de velas y de remos y de cascos viejos o relucientes. El tráfico fluvial es tan denso y tan alocado que el puerto de Venecia conserva algo del tráfico aéreo que hemos visto en las películas de ciencia-ficción como Star Wars, Blade Runner o Minority report. Es lo mismo, idéntico jaleo de vehículos y de ruidos y de conductores locos, pero en el agua en vez de en el espacio o en los cielos, por encima de los tejados de los edificios inmensos. Scarpa dice:
En las calles seguirás subiendo y bajando, Venecia nunca es llana, es un continuo desnivel, está llena de gibas, protuberancias, chichones, espaldas jorobadas,d epresiones, hondonadas, cumbres; las fondamente descienden hacia los pequeños canalers, los campi están festoneados de alcantarillas como botones hundidos en un mullido sillón.
(pág. 94)

Utilizar filias y fobias provoca que la obra bascule hacia una narrativa del Yo nada egocéntrica, sino compartida: autoconocimiento expuesto del personaje principal, de quién acabamos sabiendo tanto o más que de la sociedad opulenta que viaja a la Monty Python en un crucero llamado Zenith. El autor nos permite acompañarle, ejercicio de empatía en grado máximo, y compartir su visión expandida de la vida, de la cultura, del arte, apareciéndose por primera vez un crucero en el que no todo es asqueroso:

            (...) La Plaza de San Marcos, donde proliferan el jaleo y el tráfico de góndolas, vaporettos y lanchas. era como regresar a las pinturas de Canaletto y de Van Wittel que representan el Bacino di San Marco. Era igual que introducirse en la irrealidad real de un cuadro. Barcos cruceros, traghettos, lanchas, góndolas, taxis acuáticos, vaporettos, barcas modestas, pesqueros... Un cruce de caminos navegables, una estampa de aguas verdes y remolinos de espuma que yo quería aprehender y fotografiar y describir, pero es muy difícil describir la belleza con exactitud. (pág. 97)

Al contrario, la belleza sí ha sido descrita y compartida.
Quedémonos con ella.

Sergi de Diego Mas

21 de julio de 2011

La poética del eslogan en Odio, un poemario de David Refoyo



metáfora.

(Del lat. metaphŏra, y este del gr. μεταφορά, traslación).

1. f. Ret. Tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita; p. ej., Las perlas del rocío. La primavera de la vida. Refrenar las pasiones.

2. f. Aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión; p. ej., el átomo es un sistema solar en miniatura.

www.rae.es

“Porque, antes de marcharme de forma definitiva, quisiera decirles que el odio es también una fuerza creativa”.

Kiko Amat

1.

Al igual que la publicidad no tuvo pudor en servirse de la poesía para construir mensajes metáforicos y elípticos que pretendían hipnotizar en un sentido mercantil al receptor, David Refoyo y su original y contundente poemario Odio (La Bella Varsovia, 2011) recorre el camino inverso, sirviéndose del eslogan publicitario para profundizar en su particular poética visceral y de confrontación, y sumarse al saludable debate que en los últimos años ha azuzado la llama de la expansión temática y formal en la poesía española, en el que se abrazan corrientes estéticas poco o nada transitadas durante un largo período de tiempo, despectivamente apartadas de la consideración crítica y artística. Ciencias, filosofía, tecnología, sociología, televisión o publicidad no pueden ser obviadas en la formulación de la ética y poética en la literatura española, como ha defendido Vicente Luis Mora en su conceptualización de lo que ha dado en denominar literatura pangeica (de un cuerpo teórico más amplio que la deriva postpoética formulada por Agustín Fernández Mallo, no obstante complementaria), desarrollada en su obra ensayística Singularidades (Bartleby, 2006) y La luz nueva (Berenice, 2007). Recuperando las palabras del publicista Toni Segarra (Desde el otro lado del escaparate; Espasa, 2009), “Trabajo en publicidad: colaboro en la construcción de breves momentos de la extraña conversación que desde hace décadas mantienen las marcas con los consumidores, con todos nosotros. Creo fragmentos”. Un excelente paralelismo con el oficio de escribir (construir) poesía. Las artes no están tan lejos.

2.

En Odio el autor no huye de la tradición, sino que reformula la forma de expresión de la reivindicación y protesta. Y si la publicidad se apropió de la poesía, es ahora ésta la que se apropia del eslogan, la deformación poética y profesional del autor facilita y provoca la simbiosis. En este sentido, la publicidad moderna y el arte poético beben de un mismo objetivo: trasladar al público un mensaje. Y es que no encontraremos muchas diferencias entre el texto subliminal implícito en el eslogan, entre una figura retórica tan apasionante y misteriosa como la elipsis, o la eterna construcción de una metáfora. ¿O no es acaso poesía el brainstorming publicitario de los años 60 que tan fielmente recrea, por ejemplo, la serie de AMC Mad Men? David Refoyo utiliza códigos creados por y para la publicidad, dándoles la vuelta, y creando un discurso poético a partir de ellos. El eslogan mercantilizó el verso, y ahora el verso poetiza al eslogan: “Just do it” (Nike), “¿Te gusta conducir?” (BMW) o “No es televisión, es HBO” (HBO) son claros ejemplos de que la creatividad se expande inexorablemente a través de un nuevo sistema productivo también literario que da un exponencial valor añadido al producto final. Como en los ejemplos citados en la definición de metáfora que realiza la RAE (“las perlas del rocío” o “La primavera de la vida”), los versos publicitarios de Refoyo permiten reflexionar sobre la trascendencia alcanzada, no ya solamente de la propia idea poética (que ya es, per se, universal, perenne e intrínseca a todo cuanto es y existe), sino también sobre el potencial salto adaptativo del código simbólico en el que aquella se asienta. Porque si en la metáfora el significado es universal, con la misma contundencia podemos añadir que su significante ha de ser (más si cabe en pleno siglo 21) evolutivo, cambiante y sin límites, concentrado en asignar una utilidad marginal creciente a todas aquellas fuentes potencialmente artísticas de diferentes ámbitos de nuestra sociedad contemporánea que precisamente si por algo se caracteriza hoy es por su naturaleza gaseosa.

3.

Así, el autor nos traslada en un viaje desde las entrañas de lo intangible para abofetearnos a base de versos de cruda y nada complaciente realidad. Porque el odio, en palabras de Kiko Amat, “es también una fuerza creativa” (Mil Violines, Mondadori; 2011). Narraciones poéticas que nacen de aparentes mensajes utópicos y positivistas, para acabar mostrando con virulencia la contaminada sinrazón terrenal que respiramos, mediante una prosa poética fragmentada y cortante, repleta de sucesiones de sintagmas nominales que deconstruyen el gran sueño de occidente (no en vano las secciones del poemario son un listado de productos, quizás en un índice demasiado ordenado que puede disminuir la sorpresa-), que se contraponen a la felicidad inexistente y mercantilizada (“sinceramente,/ a todos nos gusta vivir bien”, p. 18): la violencia está presente en las calles, en las empresas, en las mentiras del corte publicitario (“recuérdalo/ nuestro producto no existe, pero lo deseas”, p. 23), en las familias, en el sexo (“venga, cariño, puedes seguir soñando/ pórtate bien/ silencio// Placer adulto”, p. 37), en el genocidio político de la cultura (“y ahora nos gobiernan esos débiles/ que enviaron a Nietzsche/ y a su séquito de drogadictos/ artistas/ bohemios/ inquietos/ a malvivir a las afueras/ condenados al hambre”, p. 50).

El trabajo de Refoyo perfila con nuevos pinceles un tratamiento hiperrealista de la poesía, un nuevo sistema productivo de metáforas, que hace mutar el producto artesanal. El nuevo realismo también es realismo. Siguiendo la cita de Vicente Luis Mora en Singularidades, “Si, como escribía John Cage en Silence: “el arte cambia porque las ciencias cambian”, ¿qué clase de avance artístico pueden proponer unos poetas anacrónicos que ignoran no sólo sus cambios, sino sus estados primordiales?”. Odio mira hacia el presente sin olvidar el retrovisor ni su inverso. Poesía en la publicidad, publicidad en la poesía. La irrupción de la vida total en poesía sólo puede hacer de ella un arte aún más verdadero.

Sergi de Diego Mas


9 de junio de 2011

Cuento kilómetros, de Mario Crespo


Tras una primera novela (LS6; Bohodón Ediciones, 2010) en la que ya se vislumbraba como núcleo y cuna de conflicto la relación del individuo con (y contra) el espacio que ocupa, el autor zamorano Mario Crespo insiste con Cuento kilómetros (Ed. Eutelequia, 2011) en la idea de viaje y movimiento, de búsqueda y ocupación nómada del lugar como rasgo distintivo de la personalidad íntima del sujeto. La dimensión ética del individuo agarra el timón del texto, con todas sus contradicciones y reivindaciones, narradas a partir de las crónicas y saltos que sobre el mapa realiza Claudio Rivera, álter ego basculante del propio autor, en 10 años de discrepancia vital y comprensión retrospectiva hacia la madurez. Breves episodios narrados por el propio protagonista, pero también por sus sucesivos acompañantes, incluido el propio Mario Crespo, en un juego de desdoblamiento de miradas, de distanciamiento escenográfico de la voz con el que el autor intenta expandir su perspectiva, objetivizar la secuencia que se le aparece, entenderla (o al menos, tratar de hacerlo) y rebelarse. Transitando a través de 13 países puede sorprender la curiosa sucesión lineal que acaba suponiendo el desarrollo de la acción: los fragmentos, es decir, los saltos temporales y geográficos, no parecen tales, sino una característica más, desde luego importante, de Claudio Rivera, versión reivindicativamente nerviosa del tradicional viajero beatnik, que transita por un solo hogar (una carretera, un continente, un mapamundi) para descubrir que “yo no es otro”, sino que “yo” somos las ciudades que pisamos, los lugares de los que nos expulsan o las personas que nos narran. El viaje de Claudio Rivera es la huída inquieta del día a día: de Zamora a Platja d’Aro, y de allí a Londres, Colliure, Nápoles, Salamanca, Bergen, Oslo, París, Budapest, Marrakech... Mario Crespo teje en Cuento kilómetros una obra fronteriza en la que espacio, tiempo y persona acaban fundidas en una inesperada expansión centrípeta que muestra que el hogar, como el conocimiento, no requiere de paredes, sino más bien de trayectorias.
* * *
La presentación de Cuento kilómetros en Barcelona, será el próximo viernes 10 de junio a las 19.00, en Fnac L'Illa (Av. Diagonal 549), y correrá a cargo de Jordi Carrión, Francesco Spinoglio y el propio autor, Mario Crespo.

7 de marzo de 2011

Black Swan, de Darren Aronofsky (palabras sobre un voyeur generoso)


No es sólo exploración, sino disección y autopsia lo que Darren Aronofsky fabrica y expone, mostrándose como observador invisible al objeto de su deseo. Un voyeurismo formal (sus planos persiguiendo literalmente las espaldas del personaje nuclear son ya marca de la casa) generosamente excesivo con el espectador, quien por más que se resista, acabará hipnotizado y poseído por esa misma visión. En sus narraciones, Darren Aronosky dirige también al espectador, precisa qué imagen es la que ha de superponerse a cualquier otra potencial lateralidad que pudiere desviar la retina del testigo invitado y teleguiado brutalmente, sin sutilezas ni rodeos.

La paranoica historia de una frágil pero insistente bailarina en los ensayos previos y posterior estreno del ballet "El lago de los cisnes" requería, después del desasosiego más calmado de The Wrestler (2008), recuperar los excesos ya ejercitados en Pi (1998) y, sobre todo, en la múltiple Requiem for a dream (1998). En Black Swan, Darren Aronosky abre en canal a una excelente Natalie Portman para obligarnos a palpar pornográficamente el abismo personal de la bailarina, rasgando la cortina privativa que escondía una obsesión enfermiza. Todo ello logrado mediante un método que sólo en apariencia es físico (ahí sí quedó varado Von Triers), y que en realidad es absolutamente psicológico: el director neoyorquino juega a ser Hitchcock y Kubrick, atiborrado de estimulantes (probablemente ésa, y no otra, sea la gran diferencia existente respecto al cine de Haneke, otro que tal baila), jugando minuciosamente con el montaje de lo narrado (claustrofóbica confusión de espacios en un continuum de terror que danza desde el lugar de trabajo al hogar) y el texto sólo vislumbrado (la elíptica relación entre madre y bailarina es, quizás, lo más explícitamente inquietante del film). El eléctrico clímax final, situado ya en el estreno definitivo de la obra y la conclusión de la historia a lo largo de sus actos y entreactos, también deja patente la compleja personalidad del cine de Aronofsky, nacida a golpe de poliédrico clasicismo.

A pesar de la precipitación predecible de los acontecimientos, con método pero también con piel, Aronofsky apabulla y golpea al espectador, obligándole a ver allí donde probablemente no quería llegar. Todo un ejercicio de generosidad indiscreta de voyeur, de altruismo espléndido y tóxico de un cineasta que dirige su obra (historia y espectador) hacia las entrañas de un ser humano (en plural, el mundo) que nunca se gusta.

24 de enero de 2011

Peace and Love (según Dr. Strangelove): una reseña turmix visual de Monsters, de Gareth Edwards



(contiene spoilers)


Monsters

Ed Wood

District 9


1. Logos
















2. On the road (de muros y fronteras)


Apocalypse Now

King Kong


Monsters


2.1 Real life?




3. Peace and Love (según Dr. Strangelove)

The love life of Octopus (The films of Jean Painlevé)


Tras el corazón verde & Avatar



Gone with the wind



- The end -

9 de octubre de 2010

Sun Kil Moon - Admiral Fell Promises (Caldo Verde, 2010)




El característico registro de Mark Kozelek no deja de confundirse en un sinfín de rostros, un juego de máscaras que haría las delicias del Kubrick más onírico y huidizo, a imagen y semejanza de los devaneos – a menudo caprichosos – que Neil Young ha protagonizado a lo largo de su carrera. Admiral Fell Promises (Caldo Verde, 2010) es la cuarta referencia que el de Ohio firma bajo las siglas de Sun Kil Moon, ahora algo alejado de las tonalidades igualmente austeras pero más eléctricas firmadas en sus últimos trabajos (April -Caldo verde, 2008- fue una pequeña y tímida gran obra cuyas guitarras recordaban fielmente las pulsiones del abuelo canadiense y los añorados Crazy Horse). Kozelek vuelve a ofrecer un disco intimista y acústico, aunque sólo en apariencia más cercano a los trabajos o actuaciones que suele protagonizar de forma homónima, ya que existen matices novedosos y atractivos apreciables ya en los toques flamencos del primer corte del disco, Âlesund, así como en los ultimísimos segundos del disco, pequeñas esquinas basadas en un uso clásico de la guitarra que aleja a Kozelek del folk profundamente americano que parecía querer barnizar el LP (curiosa la coincidencia conceptual con el lanzamiento del disco de Howe Gelb & the Band of Gypsies, Alegrías). En un elegante ejercicio mutante el dueño de Caldo Verde cruza al maestro Joaquín Rodrigo con el fingerkeeping de John Fahey, al pop de Simon & Garfunkel con la delicadeza de Leonard Cohen, Paco de Lucía y Vic Chesnutt. Y como si nada, siempre la misma belleza: temas como Third and Seneca, The Learning Trees, You Are My Sun o la mediterránea Bay of Skulls son un sutil cambio de registro, un camino sentido y melómano que ya en plena eclosión del postrock más sosegado, allá por los noventa, recorrían exploradores inquietos como Gast del Sol o Pullman. Admiral Fell Promises supone más duende y alegría -solitaria- para este otoño.



29 de septiembre de 2010

29S Hilomusical (y no Hilo Musical, de Miqui Otero): lo que tenía que ser un viaje alucinante y gonzo hacia la huelga general y que simplemente no fue


Creo recordar que todo esto empieza con David Refoyo comprando Suomenlinna (Alpha Decay) de Javier Calvo, un 28S, porque David Refoyo es un terrorista. También hay un taller de periodismo gonzo con Carrión y Faccio y Wiener y Cantavella y Ramis y Costa, y okupas en Banesto y botellas de colonia grandes, a granel, con forma de Coca-Cola. Beber colonia es uno de mis deportes favoritos. Una vez bebí lejía, pero no cuenta, porque fue sin querer. Desde entonces bebo colonia, para compensar. En casa el cartel de Alvy Singer y Annie Hall, la radio y el twitter que canta como un jilguero. También hay cargas y policías, pero no sé si es verdad. Sí sé que estoy enamorado de Diane Keaton, pero eso tampoco cuenta.


Hilomusical es una palabra que a partir de ahora me gustará mucho los 29S.

Desde hoy recordaré los 29S como una aventura memorable
escrita por Emilio Salgari y me gustarán mucho
y desde ya serán días en los que triunfará en mi espíritu un ánimo malvado
y perezoso,
repleto de zetas así:
ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ

pero a Dios pongo por testigo que no tiene nada que ver con Miqui Otero,
no,

porque juro que él será un héroe moderno del siglo 31,
él será la Coca-Cola del 29S,
y se comprará en los bares y en el súper y en las bibliotecas:
Miqui Otero será una revolución de Coca-Colas,

COCA-COLAS .

Será un hilomusical deforme, un muñón de hilomusical,
porque él es el puto Hilo Musical
y no el gran y majestuoso y perenne hilomusical del 29S
que suena en la radio de mi Peugeot 206 gris metalizado:
desde el 87.5 FM canciones y muchas canciones,
sólo canciones y de pronto deportes.

Sí, DEPORTES;


un momento por favor, quiero deletrearlo para la posteridad:

D X T’s


Quiero deletrearlo en todo su esplendor como una marca genial, máxima, erótica, rebelde,
todos pagaríamos por una marca así de húmeda,
pagaríamos y pegaríamos mucho
y cargaríamos contra cualquiera que se manifestara contra ella,
y escribiríamos crónicas gonzo desde la calle y no desde twitter
y lucharíamos y gritaríamos y correríamos mucho,

Dios,

correríamos mucho y seríamos felices y rezaríamos mucho
por nuestra libertad musical

de ideas y servicios
mínimos.



What’s happening?

Viva el Hilo Musical